Monday, November 14, 2005

ENTRE TUS PINCHES LEGS (THE BAND)
Por más que quiero no puedo dejar de pensar en ella. No por que sea hermosa o me haya enamorado, simplemente se adhirió a mi memoria como una sanguijuela en Stand By Me. Talvez por eso la recuerdo con suma nostalgia, porque me recuerda lo que ya no soy sin caer en un sentimentalismo que me haga sentir estúpido o ñoño. Siempre me hace sentir realidades distintas: el día y la noche. Somos otros, es otra.

El doctor me ha medicado fuertemente para mis pesadillas y dolores de cabeza, dice que debo descansar más y trabajar menos, que una descompensación más como las que he llevado puede generarme un paro al corazón, aparte de las jaquecas y pérdida de memoria a corto plazo que ya es una nimiedad al lado de lo que se puede avecinar si no me cuido lo suficiente. ¿Alcohol y químicos? Ni mencionarlos. Sudor frío y ausencias.

Anoche me invitaron a tocar una vez más. Dije que si. No lo hubiera hecho. El hubiera no existe. Las penas con pan son buenas…y con mermelada han de ser deliciosas, dice Infante en una película en la que la hace de vividor. Me despierta el ruido de la tele, además del calor que irradia…me gustaría estar en sus brazos una vez más y es pendejo pensar que necesito un final heat, pero me lo doy y el sudor frío y la temblorina se han ido, ella no tiene la culpa de no desearme como yo. Suena el teléfono y la gente está llegando a formarse desde temprano, no me gustan los adioses premeditados, pero mi cuerpo no responde muy bien últimamente, siempre me ha parecido una verdadera estupidez tratarle de encontrar fantasías donde no las hay, pero desde que la conozco en serio mi cuerpo no responde igual, es una mamada lo sé, pero por alguna extraña razón cuando termina el espectáculo (que en recientes fechas han sido únicos de verdad) mis pensamientos se tropiezan más de lo normal, no me permiten avanzar, entra un dolor fuertísimo en el sistema nervioso y se colapsan mis actos, tropiezo, y todo se vuelve confuso, lo más curioso es que en el alucín existe una paz indescriptible aunado a una angustia porque mis pies no funcionen.

Desde chico he tenido deficiencias leves físicas, pero en la cabeza todos dicen que es algo más que normal. Tengo pie plano, mi madre creía que estaban más que chuecos, me obligaban a usar unas plantillas de acrílico durísimas que me hacían llorar del dolor que me provocaban. Cuando salía de la caza las guardaba en la mochila y los niños de la escuela las sacaban para burlarse y pegarme con ellas en la cabeza; acabaron doblándose antes que hicieran lo propio el arco de mis pies. Mi mamá me decía que si no usaba las plantillas me iban a poner mangueras y fierros en los pies, me daba un miedo espantoso tener que usar aparatos como los de piernitas chuecos, yo sabía que eso no lo necesitaba y sería un error hacerlo. Me tendrían que cortar las piernas, pensaba, lloraba amargos momentos sobándome las rodillas y autosugestionándome con un dolor inmenso en todas las extremidades.

El concepto principal del grupo es un rock gandallón y sexoso, todas las letras tienen una fuerte carga sexual que nos remite al deseo primigenio de la vida y de la muerte, el instinto. En lo musical es cavernoso, animal, pa´ mover el culo y la pelvis. El chicote le pega macizo a los tambores, muecas no sabe tocar la guitarra, Peralta samplea gemidos de sus novias y les acelera o baja el ritmo, ¿yo? Yo tampoco se cantar ni tocar el bajo pero de que el grupo es una sensación, lo es. La otra noche después de un toquín en casa de Maira en la Chimalhuacán, ya todo pedo, como siempre andaba dando tumbos por las paredes del patio trasero, andaba buscando el baño para vomitar a gusto sin dar un espectáculo más. Después de cinco o seis puertas falsas y casi todas cerradas, entré a una como bodeguita y ahí la vi: sus ojos tristísimos y perdidos, fastidiados por el mal polvo que le estaba recetando su drogadísimo príncipe. Entre los rollos de papel higiénico y las bolsas de toallas femeninas, observé de arriba hacia abajo sus desnudas piernas; en la derecha sus jeans y sus calzones pendiendo frágilmente, de la otra; nada, sólo su tenis, lo obvio, calcetín pastel qué más. Sus piernas eran feísimas, no había forma ni consistencia, además de unas cicatrices en uno de sus muslos, no recuerdo cual, alguna vez creo que alguien me dijo que había tenido un accidente automovilístico cuando pequeña pero no estoy muy seguro. El tipo volteó sorpresivamente y ambos rieron en volumen alto y escandalosos. Oriné las planas nalgotas del tipo y hasta pareció prenderse más, alguien me jaló del brazo y abanicando el líquido dorado me despedí de ella entre unas miradas tristes, un cerrón de puerta violento.

Tuve una pesadilla horrible, soñé que aún trabajaba en esa deprimente fábrica de metales en Verónica Anzures. Me quedaba dormido al lado de la sierra eléctrica, alguien la prendía y el hermoso plástico laminado gris clarito quedaba opacado con mi oscura sangre, que de un tono oscurísimo se transformaba a un rojo un poco más tenue. Desperté sudando y pálido, con muchísima sed, Pedro Infante se daba en la madre a trancazos como los machos con un cabrón de bigote postizo y ojos grandes, la mujer sólo se divertía con el espectáculo y fingía que estaba asustada, qué malos actores eran, pensé, quisiera ser un buen actor, ganaría mucho dinero…creo que también lo llegué a pensar. Chicote habló encabronado y dijo que si no llegaba en media hora a la Sifón podría despedirme del grupo y de mis consultas. Emprendí el clave tres (en chinga) en taxi, carísimo eran la una y media de la noche-madrugada-mañana-aún es hoy- ya es el otro pero todavía aguanta. En el radio sonaba una cumbia que más erótica no podía estar, entrecerraba los ojos puesto que todavía tenía sueño, siempre tenía sueño, y venía a mi cabeza la imagen de unas amputadas en los muslos, la habría visto unas cinco o seis ocasiones más, no recordaba bien su rostro y nunca nadie me ha dicho su nombre, pero esas piernas no se quitaban de mis recuerdos. Me imaginaba que yo estaría tarde o temprano en medio de esas piernas y que me estarían apretando hacia su interior, que con sus tenis cruzados en forma de “X” apretarían mis nalgas y resbalarían sudorosos por mis muslos hasta detenerse a la altura de mis rodillas una vez que termináramos, y entonces, haría presión y me cortaría de tajo mis dos atormentadas piernas. Mucho miedo, pero me lo imaginé como el más vivo acto de amor.

Todos hacen burla de que camino chueco cuando estoy borracho, es normal, pero en serio no me responden últimamente como yo quisiera. Tampoco me acuerdo bien de todas las piezas.

En el camino compré una botella de Anís (un saludo a mis amigos del mico). Llegué casi pedísimo al lugar, no me dejaban pasar. El lugar estaba hasta la madre de lleno, la rechifla ensordecía el ambiente. Peralta me vio, fue el único que me dirigió la mirada, “si tiene ganas de tocar”, tomo la cerveza y se la empujó de un trago, todos me empujaban y decían cosas en alemán o no se qué putas. De repente me empezó a dar pánico, me temblaban las piernas como cuando me asaltaron a los 15, no lo podía controlar. El área backstage estaba llenísima, me zumbaban los oídos y unas viejas me jalaban para que me fuera a meter un pase con ellas, estaban guapísimas y sí quería ir, era sólo que las piernas no me respondían. Veinte minutos, preparados. Me preguntaron que si estaba bien, me asomé por la puerta de salida para echar un vistazo al lugar: Empujones y el lugar repleto de púberes guapos, todos. El escenario estaba lleno de charcos de cerveza y vasitos de plástico, focote calientacarnitasestilomichoacán a todo lo que daba, instrumentos mal conectados y un Staff poniéndole cinta de aislar al micrófono, el lugar olía a comida, como a torta (torta de pierna pensé comúnmente).

Ella en primera fila viéndome penetrantemente con esos faros suyos: rojísimos, cerrados y tristes, llevaba una falda puticolores entallada a más no poder y ni así se dejaba engañar medianamente buena, ¿qué me pasaba si yo era de lo más superfluo con eso? . Diez minutos, casi listo. Para mi buena suerte ella entró a los camerinos con el Chicote, era su amiga. Me dejaron de temblar las piernas, le invité un trago y ella me invito un pase. En esta parte del cuento donde es más que obvio que hicimos el amor, reímos y no me mutiló las piernas, cabe resaltar que fue una cosa olvidable a comparación de poder tener sus piernas juntas todo el tiempo, no rifé, estaba muy borracho ya lo dije.

Con mi cara de pambazo parlante y a empujones por parte de los miembros de la cada vez más hostil agrupación a la que pertenecía subimos a escenario con indumentaria estrafalaria y pulso firme como para tocar bien toda la noche. Conectamos, zumbido de amplificadores, mentadas de madre, un cabrón me escupió y otro no dejó de decirme ¡pinche chaparro de mierdaaaaaaa! Estaba feliz, el ambiente idóneo para un súper Rock. ¡Uno, Dos, Tres!; el micro no sonaba, el bataco descuadrado y peralta al parecer, tomado hasta las manitas, una lindura de noche: botellazos, gargajos, película roja muy roja, caras enfurecidas, cero varo, no instrumentos, no banda, no la volví a ver, yo felíz.

Al día siguiente ya en la casa de peralta, su esposa nos grito al mediodía para bajar a desayunar. Abrí los ojos, estaba estático, boca arriba, tieso, algo me decía que no me moviera porque me encontraría con lo insoportablemente obvio y asqueante; no la volvería a ver, seguiría pedísimo, no habría más rock, y sabía que mis piernas ya no me responderían nunca jamás.

1 comment:

Anonymous said...

esto me suena a lago que ya habìa leìdo...creo....pero està digerible....
cecilia R.