Wednesday, May 02, 2007

· HACE MUCHO QUE NO ESCRIBIA RELATO. ME EXTENDÍ UN POCO, TENGAN PACIENCIA...Y A DESPEDAZAR POR FAVOR.
Una forma plastificada de morir

Siempre había dicho la verdad demasiado mal como para mentir bien. Ahora no recuerdo bien, antes sí. Fue un periodo previo de aproximadamente un año en lapsos intermitentes hasta que la situación se agudizo en no más de tres semanas. El Municipio entero se había quedado sin agua.
Ni siquiera la cisterna más grande de la mejor colonia tenía vestigio alguno del vital líquido. Además de que hacia un calor de su puta madre.

Ideando una madre que con la evaporación me diera un poco de sustancia, en la azotea de mi casa, tuve un accidente, lastimándome de mis dos pies pero en realidad nada demasiado grave aunque sí tuve que quedarme una temporada en muletas y en reposo durante cinco días, por lo que perdí la noción de qué era lo que sucedía allá afuera.

De por sí mis noches han tendido a ser insomnes, ahora tenía que arreglármelas con la ausencia de persona alguna: todos se habían ido a las provincias. Odiaba las provincias.

No había tele y el radio había dejado de dar señal, por lo que mi manera de no perder por completo la cordura era recortar revistas y hacer collage de historias que yo me iba contando; en ocasiones eran historias ficticias pero, al poco tiempo, se tornaron en traumas personales, recuerdos amargos que había tenido a lo largo de mi transcurso por la vida. Aunque también había momentos chingonsísimos. Como cuando me conté mi primer escucha “profunda” de un disco de dub con un toquesote en la mano y mis entonces amigos tumbados am rededor. Pura magia.

Una tarde andaba muy insoportable, se había terminado la ropa limpia así que salí al patio a buscar en una caja que había dejado Harumi, mi ex y última pareja. Nunca entendí nada de lo que dijo.

No encontré ropa pero sí mucha basura en el patio: propaganda de viajes, pedazos de varilla, tierra, envolturas de caramelos y pedazos de revistas y periódicos arrugados. Periódicos: el presente, el lapso de tiempo paralizado, trozo extradiminuto arrancado momentáneamente de la historia, que lo mismo servía para los nervios (alterarlos), limpiarse la caca de una manera ahora medianamente decente y para envolver las velas.

Hurgando en el trozo de papel supe la noticia que se llevaba las ahora 16 columnas: “Raptan ultimo camión de Coca-Cola en el país”

“Toluca, Estado de México.- Notimex. El pasado martes 6 de noviembre del presente año, el camión Pontiac 32 serie A, con placas HTTP39, de la Asociación Mundial Coca-Cola, procedente del Estado de Guanajuato y con destino a Palacio Nacional fue raptado alrededor de las tres de la madrugada en la carretera DF-Toluca, aproximadamente un kilometro antes de llegar a la caseta que colinda con Santa Fe.

“Autoridades reportaron que el cuerpo del conductor fue hallado en el Bosque de la Marquesa junto a los cuatro custodios que resguardaban el camión, valuado en 129 millones de dinares y que contenían las últimas 39 cajas de Coca-colas existentes en el país, consideradas así, como el último resto confiable de líquido en toda América Latina.

“Jorge Reyes Espindola JR. Jefe del departamento nacional del FB –POL, quien ha sido depuesto de su cargo, ha declarado que en esta ocasión el caos se ha desbordado a su punto máximo, reconociendo los fallos en los muros construidos en el 30 por ciento de las Delegaciones y prácticamente todo el Estado de México, así como la limpieza masiva de Barrios.

En tanto se ha notificado la encomienda de un escuadrón especial que involucrará la movilización policial más numerosa de la que se haya tenido memoria en este país para encontrar en el menor tiempo posible el preciado líquido, que, como se sabe, contiene tiempo para la especie humana”

Fue entonces que comprendí que la revolución sí había sido televisada. Con cortes comerciales y detrás de cámaras incluido. La guerra ya había pasado de moda, al menos en el término en el que solía conocerse. Ahora la casa se venía abajo. Ahora que lo pienso, entiendo en muchísimas cosas a Harumi. Fue un acto de devoción total.

Anoche tuve un sueño horrible. Soñé que ya no había pilas en el mundo. No había más energía en el mundo. Después de la electricidad, las últimas baterías (casi un lujo hoy en día) eran mi última opción de leer por las noches, o de escuchar mi sesión de discos al mes. Afortunadamente desperté.

Era pésimo ver lo fundamental que eran ya las Apple o los MAruchan Fast Food, Emporios mundiales que regían casi todo el orbe; uno la cultura, la ciencia, la política y administración de recursos y servicios, y la otra la fabricación de alimentos y apoyos económicos para la extraña clase de supervivencia que se vivía.

El cuarto día por la tarde-noche desperté de mi aletargado sueño, los gritos, balazos y las explosiones no me dejaron dormir muy bien, además que la pierna derecha me dolía encabronadamente y mi comida se había terminado. Era día de que llegara mi suscripción de sopa importada llegara y me había dado cuenta que, tristemente, me había quedado sin simicomida. Comencé a sudar más de lo normal y tener ataques de ansiedad terribles; no había medicina para los ataques, no había mota, música, líquido, Harumi (que nunca entendí lo que me quiso decir), nada. Nada; al final de cuentas, el mundo no es tan grande.

Pensé seriamente en el segundo polo. El primero, la vida, nunca prometió mucho para ser sinceros: era únicamente la sobrevaloración de una especie que se había ganado a pulso, como los grandes, la revelación estúpidamente evidente de su destino. Apocalipsis now my only friend. Puro pinche lugar común. El súmmum de la última moda valla.

Como pude subí a la azotea y despedacé el tinaco a martillazos, desentrañando las 39 piedras que había mercado cuando chavo. Pensé que nunca las volvería a probar, un vicio muy pendejo si me lo permiten, pero dado el caso venía como anillo al dedo medio.

Al bajar de la azotea preparé todo lo necesario: ceniza añejada, encendedor de medio uso, aguja para picar y manos a la…me falta mi foco, había uno en la alacena todo empolvado.

Al abrir las puertitas del viejo mueble casi me desmayo. Yo no creo en milagros sinceramente pero la prueba irrefutable de que Dios operaba de extrañas maneras era formidable. Una lata numerada CC.COM/39 de la hoy extinta Coca-Cola, en empaque Andy Warhol´s unique, fría, se encontraba dentro de una alacena casi desvencijada.

El aire era pesado, casi comestible, espeso. Un momento perfecto para la gran concierto que iba a presenciar; y con él la luz entera del mundo y las leyendas de sus mares.

Puse baterías al Estéreo, y a pesar de que había un sinfín de buenas opciones sónicas, opté por la más cabrona de todas: Bailando sin salir de casa de Marta Sánchez. Una oda.

Comencé a fumar una roca tras otras sobre la lata, previo servir en un vaso del fashionsísimo y vital liquido, rebosante en dulce y gas, enculadamente rico y guapísimamente reconfortante. Pude haber perdido el tiempo cuestionándome que sí lo merecía o de cómo llegó hasta mi alacena; no era el caso.

A la roca 29 mi corazón empezó a mentar madres de lento, mis nervios se encontraba de lo más precioso, devastados casi. Le puse play a la hermosa melodía. Pensé en Harumi: ahora comprendía melancólicamente que en verdad, nunca entendí una sola palabra de lo que me dijo; regresé a mi niñez y a la de todos los míos. Les hice honor. Poco a poco la española ahora difunta se iba de mi en fade out. Las rocas riquísimas no terminaban. La lata apestaba a químico y el sabor a vainillita se tornaba más irreal, como me gusta, como se lo merecería cualquier humano con dos dedos de frente. Puro pinche lugar común. Una muerte formidable.

“ …El informe reporta la casa como intestada. En su interior se encontraron varias colecciones de discos incunables, dibujos de gran tamaño firmadas por una artista llamada Harumi Gutiérrez, y un poema escrito al parecer por ella, el cual viene en un idioma hasta ahora identificable.

El cadáver desnudo del propietario se encontró en el sillón de la sala, junto a un cd de Marta Sánchez, cuchillos, un traje militar del antiguo ejercito americano, planos de la ciudad de México, seis de la extinta droga llamada antiguamente “piedra”, las últimas cajas de Coca-Cola mexicanas, y cuatro cabezas de personas”

Aun nos preguntamos porque no hay nada divertido los fines de semana, si seguimos clavados con cosas tan trascendentales como tratar de adivinar quién es quien narra las historias absurdas de los jueves.

2 comments:

Viridiana said...

hola rikardo ¿qué te has hecho? cuèntame como va la vida y visita mi blog de vez en cuando. ora si t excediste con la extensión ahorita no tengo tanto tiempo, en la noche leo todo completito, pero el relato promete.

saluditos

David said...

recuerdo mucho aquel libro de aldous huxley llamado mundo feliz. Una utopia que cada vez es mas cercana. Bien dicho mi chavo,
"Pensé seriamente en el segundo polo. El primero, la vida, nunca prometió mucho para ser sinceros: era únicamente la sobrevaloración de una especie que se había ganado a pulso, como los grandes, la revelación estúpidamente evidente de su destino."
Me gusto el cuento, tiene un tema claro y esta redactado de una manera simple pero q te atrapa. Una novela real con toque de ficcion.
Besos carnal...