Tuesday, December 09, 2008

(el señor miyagui, uno de los mejores senseis que ha dado la humanidad, animando a Richie San de que no se deje vencer por las adversidades)
La fiesta de 2008
Muchas intenciones, muchos buenos deseos; el 2008 me trajo muchos buenos momentos y demás sinsabores. Más que evidente el hecho de no haber escrito mucho durante el año, es una cuestión por demás no grata. Por ahí vivimos muchas experiencias que nos dejan con un agridulce sabor, muchas cosas cambian y en ese devenir aprendemos, nos la pasamos bien o sufrimos demasiado, aprendemos o volvemos a repetir errores. Sucede que no siempre se gana, pero la mayoría de las veces la lección es mejor.
Estos trescientos y tantos días (65 ¿no?) sucedieron demasiadas cosas: crisis, altibajos sentimentales, demasiados conciertos, muchas lágrimas, unas cuantas rayas al tigre, se casó mi hermano, trabajo monótono, proyectos truncos, demasiadas fiestas, muchos discos, muchos filmes, muchas vidas expuestas, demasiada presión tal vez, entre miles de etcétera, que dieron a este año, un color y apreciación especial sobre los otros.
Quizá sea por eso que este año de plano no escribí, aunque si ustedes lo quieren , la desidia y la hueva pueden formar una parte importante de este relato. En fin, no en balde siempre me gusta platicarles esa parte del documental “maso” de Juan Carlos Rulfo, Del Olvido al No me Acuerdo, donde Juan José Arreola atestigua el hecho de que Rulfo sólo publicó un par de obras y después, como la del comercial: que se queda callada.
Rulfo, como muchísimos escritores más, Raymond Carver por ejemplo, que trabajan su obra por una suerte de hiperselección, lacónicos, sustractores de la vida. Sin embargo escribieron más que los demás. En su mente nunca dejaron de crear, y en su vida nunca de dejaron de corregir, de desechar, de corregir. No obstante uno tiene que ver nuestras letras en los ojos, mente y espíritu de otro ser, para ver cómo se comporta y como nos regresará en un futuro.
Quizás este no fue el mejor año, al menos para mí. No obstante sí el más aleccionador, uno de los más viscerales, pasados de lanza y oscuros. Por eso fue un buen año, porque mientras los que estuvieron conmigo de manera física me escucharon, yo también los escuché, yo también compartí mi tiempo con ustedes, aprendí y aprendimos, lloré y nos abrasamos, los sentí también, y eso sólo abre un tempano de hielo por la esquina en nuestras vidas; una pequeña fisura que derrumba todo en cuestión de segundos y lo deja reducido a pedazos.
Me fascina platicar, beber, escuchar, cantar, escuchar, sólo o en compañía. Me encanta escribir, me pasa lo de Billy Elliot. Pero no siempre se pude esbozar algo, o no siempre se quiere, hay algo que lo impide, escribir es un sentimiento atorado que aflora, una idea destrabada o sólo una pintura sobre un lienzo impreciso.
Me alaga mucho que de vez en cuando algunos de ustedes se den una vuelta por acá y sepan de mí al menos por este medio. De verdad que importa mucho las palabras que me hacen llegar, sean en el tono que sean.
Este no es un texto para contar historias o para agradar, no son líneas para compadecer o librar una batalla, son caracteres que me cuestan y que tienen un valor. Mientras camino solo voy pensando el próximo golpe, voy estudiando, cuando hago tiempo en las bancas pienso en demasiadas cosas, hablo con ustedes, con mi perro, conmigo y con todo Dios. Mientras mi amor duerme yo construyo y destruyo palacios, voy y vengo más entero, más contento.
Probablemente muchos no lo noten, pero el seguir hablando, el mantenerme sonriente o triste, es creación, cada intento que hago, cada sablazo de desconfianza, cada gimoteo emitido, forma parte de mí como creador de algo, como procesador de todo, como amo de mi mundo, totalizador y verdugo de mi universo personal, mascado y regurgitado para quien quiera le entre con fe o desconfianza.
Probablemente a muchos no les extraña el fatalismo y pesadumbre de quien esto escribe, quizás a otros resulte abstracto o muy de hueva. Probablemente extrañen más humor y filo en las palabras, pero estos momentos son grandiosos y también se comparten, y yo sé que más de uno lo sabe, que más de uno se ha sentido así, y que a todos les explota como el universo una sonrisa destruida en el corazón.
Una vieja fotografía, una flor de aroma delicado o un instante que reaviva la memoria. Un fuerte y abatido abrazo para todos los que nos cansamos; sepan que aquí en esta sala tienen un sofá dónde hacer una parada, recostarse un momento y continuar el largo camino. Feliz año.

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