Tuesday, December 09, 2008

un poco de azote no nos vendrìa mal para acabar el año.

NO PASA NADA PAPI.

El secreto siempre fue asumir la responsabilidad de que no sabíamos de qué se estaba hablando realmente, así el asunto se haría eterno. Pero todo tiene una fecha y fuimos distinguiendo ese proceso de darse cuenta que todo lo que tocamos, vemos y deseamos es un mensaje, un arma de doble filo y un motivo que viaja en dos direcciones simultáneamente. ¿Si sabes a qué me refiero?, ¡ná!
Las palabras, aunque no fueron tuyas, vinieron de ti, tú sabes, te escribieron el discurso pero era eso lo que querías decir. No te alborotes, concédeme ese deseo por favor, digo, ya comprendiste como quisiste comprender, ya actuaste como creías conveniente, sólo siéntate, abre tu trago y desoriéntate un poco. Es mentira pero es verdad cuando te digo que si volviera a pronunciar una palabra más, no me lo creerías.
Lo que más deseo por ahora es no estar en diferentes aristas: no estar ansioso, no estar conectado conmigo, con mi familia, con mis amigos, con el trabajo, con las presiones, con los humores; desintoxicarme de cabo a rabo, paso de todo: de mi, de ti, de la paranoia, los miedos, la carita “buenosdías” y las veladas nocturnas. Desvelos universales.com. Vomitar las malas noticias, la falta de tiempo libre, el tiempo libre, la tensión de la ciudad, es que tú lo sabes ¿o no?, desembarazarme un poco de las culpas pasadas, presentes y futuras. Pero la verdad, si dijera una palabra más no me lo creerías.
Cuando llegamos al departamento de Fidel sentí la rigidez, el eterno alucine de ver venir el tren dispuesto a arrollarte, me di cuenta que mi presencia era incomoda, pero igual la cortesía se encontraba ahí. Todos reían desaforadamente, departiendo a gusto, uno llega y todo es silencio sepulcral, velorio total, eclipse al buen humor.
Esa fue la última vez que te vi aunque no te vi, ahí paradita, peinando tu colita sexy, riéndote de las bromas de los demás, bailando muy bien. Ésa fue la última vez. Baby could be the last time, ba-by are don´t know, oh no! , o algo así.
Puede que seas un lelazo toda la vida, pero por lo que más quieras muérete con estilo y dignidad. Digo, más con lo primero porque así tendrás una buena impronta cuando salgas a colasión en las conversaciones y suspiros o pedas venideras, será como estar ahí, siguiendo la línea de la fiesta por siempre, cómo no, formando parte del gremio goé.
Al principio quise tomarlo con humor, pero el juego de espejo lo mismo para ti para mi se comenzó a desquebrajar, digo, cuando uno sabe que se va a morir, lo mejor es pasarlo con calma, hacerlo más llevadero, por el bien propio y los nervios de los demás, vaya. Recomendación: nefasto evadirse con el humor.
Poco después vino la vorágine desesperada de remedios caseros: odiar, teorizar, flagelarse, verlo fríamente, intelectualizarlo todo, pedorrísimo. Resta decir que es patético también, presos de su propia libertad. Pobres.
Inevitablemente, tarde o temprano, hay que caer, digo, es el objetivo ¿no?, si no cómo sabrás que eres bueno levantándote. Todo es y no al mismo tiempo, para ti y para mi, música y silencio, sí pero no, ¿no? o ¿sí? En fin, sólo fue cuestión de un par de días para saber a consciencia que estaba muerto (¿te fijas que bien rima con tuerto?), digo, ya tenía meses de difunto pero me daba un poco de sorna aceptarlo. Resumen de los hechos en la carretera México-Puebla: sangre por todo el asfalto, órganos y tripas embarrados, nervios destrozados, guácara sentimental, bilis existencial, sexo erosionado, intereses anulados, y una borrachera de macho hombre sementalnuncalloro cabrío marca diávolo, es lo que hacen los chavos ¿sí? En esa peda vi la luz, una muy fuerte que me decía que me levantara, de alógeno, con la que estaban jugando los cuates, esa luz sirve para asimilar condiciones: muerto ¡pum!, fin, feneció, expiró señor Barcus, ¿a poco todavía no te sintonizas?
Una vez que me supe muerto, llorado, velado, enterrado, superado y olvidado, decidí salir a la calle; todo era nuevo y las cosas tenían otro tinte, como más amable; compré discos, fui al cine con frecuencia de nuevo, me volví a reír de la gente. Recomendación: tómatelo con humor, es padre. Anduve solo, me senté en la banca callejera con mi café y gabardina para pitorrearme de todos los intelectuales lumpen que se sientan en las bancas y cruzan las piernas, beben su café, se acomodan la gabardina y se pitorrean de los pseudointelectuales que se…
De nuevo era yo como vine: muerto, solo, olvidado, una suerte de silencio esperando ser interrumpido. Silencio sepulcral, eterno, infinito, pozo ciego, barril sin fondo, búscate por favor un traste hondo, bien hondo: mueeerto.
Y es que sencillamente uno nace muerto, hasta que cierto día decides regresar y hacerte el vivo. Una verdad evidente: los humanos somos muy pero muy pendejos, tarados, bestias, estúpidos de verdad y no mamadas. Para muestra sólo un plumón, ¡duh!, ¿lo ves?, idiotas. No estaba dispuesto a regresar, nadie se muere dos veces, bueno sí y más, pero no separadas, no tan aisladas vaya. Si vas a morir varias veces que sea de un jalón porque luego la prensa no te dejará en paz: que ya te vendiste, que sólo lo haces para llamar la atención, que nadie te cree, ya sabes, nada de autoflagelo por favor, ya vez que no es bien visto, está prohibidísimo en los chavos de hoy, es castigado por la sociedad e implica un símbolo psicológico de debilidad, inseguridad, inmadurez y mediocridad. Osea gaio, tenerte lástima NO-ES-SEXY-GOÉ.
Un poquito de cordura ¿no?, ¿nada?, unas chiqueaditas pal dolido o ¿qué, nada? NA-DA. Iba de a poco: unos días escribía, otros leía, otras veces veía películas, y lo demás escuchaba discos. Había días tan de buen humor que lo hacía todo junto de un jalón. Cuando comía en casa de mamá, recordábamos cómo éramos cuando antes de que estuviera vivo la primera vez, de cómo le gustó verme morir poco a poco hasta quedar frío y solo por completo. Me encantaba mi mamá, nunca fue nostálgica pero ahí estaba recordando las cosas para reconfortarme; “no pasa nada papi”, eso era lo que siempre me decía para reanimarme e intentara morirme de nuevo. Falsarias balsámicas, las adoraba.
Mientras comenzaba a acostumbrarme a esperar la vida, seguía caminando, era lo que me ayudaba a no vivir más. Bajar escaleras me cansaba mucho, sobre todo tomando en cuenta que eran eléctricas. Pasaba de todo, volvía a estar muerto y eso me hacía recordar la debilidad para sentirme destrozado una vez más: qué bien, qué rico. Debería haber un vuelve a la muerte.
Pero llegó ese día “pip”; salí a comer y compré mi revista semanal, Serpientes y Escaleras, ahí vi el anzuelo: función muda y sin imágenes, experiencia extrasensorial, vivos pagan doble. Me alisté y fui, esperando a que sólo cobraran doble y no triple. Antes de entrar me comí unos de canasta para apestar machín la sala a cebolla y adobo, la onda era incomodar, que todos se sacaran de onda, ¿o no?
Omito detalle de reseña de la función, la cual podrás leer cuando no entiendas nada de nada. Ahí iba yo saliendo de la sala, cruzando la calle, doblando la esquina, ahí estaba yo cruzando la avenida, cuando te volví a ver, eras un microbús con faros de alógeno que me envestía más rápido de lo que yo me daba cuenta; esas luces me cegaron recio, aparte de lo aturdidor que me resultó el golpe.
Siempre fui más entusiasta de los mutilados que de los que usan prótesis, me parecen dos especies distintas.
Cuando te digo que esa película no tenía inicio ni fin no lo creíste, pero así fue, y que viva por siempre si no. Me pediste que explicara, pero tengo estilo, y siento que si te dijera una palabra más no me lo creerías, de verdad.

Rico.

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