Friday, May 15, 2009




A
quí les dejo un cuento nuevesito...pasen un chingón fin de semana, y no olviden comentar e ir a la party del 23, flyer abajo de este cuento.

Tres pares de un mismo lado

Romina se levantó sintiendo que algo le faltaba. No era algo personal o un presentimiento, era urgente. Realmente sentía como que le faltaba algo, como si quisiera disponerse a hablar y de repente no encontrara el teléfono, un desconcierto total.

Miraba por todos lados, abría los cajones, grandes y pequeños, urdía y revolvía. De repente se detenía como recordando, poniéndose el índice entre los labios, murmurando; proseguía inmediatamente.

A medida de que se dio cuenta que en realidad estaba buscando un absurdo, comenzó a calmarse, se sentó en el borde de la cama viendo hacia el suelo, con la cara desfigurada, escaneando sus memorias, pistas, razones, algo que explicara qué estaba buscando o por qué lo estaba buscando con tanta insistencia. Todo era inútil, no recordaba absolutamente nada de lo que la había echo levantarse y tener ese arranque.

Romina nunca había demostrado síntomas de alguna enfermedad o personalidad complicada: no tenía trastorno bipolar, depresiones agudas, ataques de ansiedad, rompimientos existenciales. Vamos, se ponía triste y feliz como toda la gente, igual se dejaba afectar y otro día retomaba. Pero ese día lloró, y lo hizo de una manera inconsolable porque no recordaba por qué estaba buscando algo que no sabía qué era ni para qué, con tanto ahínco.

El mundo se rompió junto con ella, sabía que nunca iba a ser igual. Al menos no para su cabeza; un inmenso cristal que se había roto en mil pedazos. El mundo parecía alejarse, y Romina sólo quería quedar dormida para siempre, de una manera tranquila, como la noche anterior, y sonreír mientras disfrutaba las cobijas. Recostó su cabeza sobre la almohada, deseando ese sueño anterior con vehemencia, viendo hacia el vacío, incapaz de poder dejar el asunto y recostarse. Deseaba con todo su silencio quedar en paz. Descansar.

Romina se levantó sintiendo que algo le faltaba. No era algo personal o un presentimiento, era urgente. Realmente sentía cómo le faltaba algo, era una especie de necesidad inmediata, como orinar o irse a dormir después de haber trabajado el día entero.

Bajó apresurada rumbo a la covacha, abrió la puerta y sacó unas bolsas, después ingresó al fondo del cuarto y sacó una caja de herramientas roja, la abrió y sacó una bolsa llena de tornillos, pedazos de goma y taquetes y metió sus dos dedos. La primera noticia del día llegó como balde de agua fría: no sabía que buscaba, o para qué.

Sólo pudo inclinar un poco la cabeza, mirando con desdén la bolsa de tornillos. Poco a poco y de manera apresurada guardó las cosas, sin demasiado orden o atención en cómo estaban acomodadas. Cuando regresó a su cuarto comenzó a ver cada uno de los elementos en busca de la relación semántica adecuada: ropa tirada, discos abiertos, revistas apiladas, accesorios, monedas. Simplemente no pudo recordarlo, así sin más.

La lógica de Romina poco a poco se estropeaba, ya que lo normal es que algo la impulsa siempre a algo, se enoja o se ríe por una acción, acción reacción, así funciona. Divagó quizás un par de minutos más acerca de qué sucedería si todo el tiempo nos condujéramos de esa forma: primero actuamos y luego sabemos por qué o para qué. Sería la anarquía total de la lógica. Sería en lugar de un 1-2-3 fuera un 2-1-3. No le dio mucha importancia y comenzó a tender la cama, se bañó y se arregló para ir a trabajar, que eso sí sabía. Cuando terminó de desayunar, y pisó el pedal del bote de basura para tirar los restos de la comida, vio su reflejo en la tapa de una lata de chiles chipotle.

Su imagen transfigurada, adoptando la forma de la hoja, con pedazos de chile y más basura a lo largo y ancho de la tapa, se tornaba cada vez más grave. Romina supuso una suerte de terremoto interno. Cerró el bote de basura y se apresuró a salir de la casa después de lavar los trastes. Cuando estaba tallando el vaso de vidrio donde anteriormente había tomado leche, éste cedió ante la presión de sus manos, que no era poca. Se espantó, y verificó que no se hubiera cortado ningún dedo. Tuvo suerte. Prefirió tirar los restos en el bote de basura del patio.

Cuando salió de su casa se dio cuenta de que hacía mucho frio y viento, húmedo porque la noche anterior había llovido mucho. Su rostro delicado pero grande se enfriaba inmediatamente, y sus cabellos se alborotaban de una forma lenta y acompasada. Entrecerró los ojos casi en automático y vio hacia la derecha, lado equivocado pensó, pensó en eso, que había cerrado los ojos casi sin pensarlo, como si fuera una orden muy implícita, pero esta mañana ella pensó que no le pertenecía la orden ni el acate de ésta. Como si caminar, pensar, respirar o dormir no fueran ya cosas que estuvieran en su campo de poder. El dormir, el soñar. Soñar y dormir.

Romina se levantó sabiendo que algo le faltaba. No era algo ni personal o tal vez algún presentimiento. Realmente le faltaba algo, un lápiz para escribir el mensaje que le estaba dictando su jefe y que Romina tenía que convertir en noticia de gran escala. Hacer algo tan nimio y absurdo para que tuviera repercusiones desastrosas, se rió de sus pensamientos. Ni tranquila ni apresurada, Romina buscaba una pluma, dejando colgado a su jefe desde el otro lado del continente, no azotaba puertas ni cajones, tampoco buscaba en lugares impensables o absurdos, sabía que necesitaba una pluma o un lápiz porque el papel ya lo tenía, nunca perdía los papeles.

Sabía que encontrar la pluma o no, tendría repercusiones, pero que si la pluma no se dejaba encontrar entonces no habría de qué preocuparse, porque eso decidiría por ella, y no la conflictuaría demasiado. No obstante ahí estaba, a unos centímetros de su mano izquierda, a la altura de su cadera, un bolígrafo amarillo de tinta negra. Romina lo observó y supo para qué era esa pluma, supo qué era lo que buscaba y para qué lo necesitaba.

Ante la ausencia de desplantes, enojos o soberbias, incluso actuaciones broma para regodeo personal, Romina simplemente colgó el teléfono y continuó durmiendo. Mañana sí podría ser diferente entonces.

Rico.


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