Tuesday, September 07, 2010




Corte de caja agosto-septiembre

Ricardo Pineda

Hay una situación demográfica que mucha gente está notando: nos estamos haciendo viejos. La retahíla poblacional se comienza a ver con más fuerza y no tiene mucha marcha atrás, la escena que suele ir a los conciertos es la misma, al menos en el DF y al menos en muchos eventos del momento. De repente resulta desalentador ver los mismos rostros, poca variedad, mucha pose, hay gente que va a ponerse hasta la madre sin si quiera dar cuenta de quién está en el escenario, no la hace de pedo porque el sonido está deficiente, porque el trato al espectador es pésimo, porque gritan apenas el grupo afina o desafina (déjalos, también pagaron su boleto y están en su derecho es la consigna de algunos de mis amigos), los eventos musicales se han convertido en la pasarela por antonomasia en nuestra ciudad, y uno da cuenta de lo restringido que es el movimiento musical en nuestro país; no hay eventos para todos, existe más variedad sí, pero a un costo excesivo y brutal: los cargos por los boletos, la voracidad del revendedor, de los que tienen el poder de una tarjeta de crédito, todo es “exclusivo”, es un lujo cultivarse.

No obstante uno ve cómo le hace pero está ahí, por lo que sea: porque quiere desestresarse del agobio laboral o personal, por facha, por socializar, por divertimento, o como muchos más, por amor a la música, por ver qué hay, porque es fan del ruido y de compartir sus gustos, pasiones o intereses.

Agosto ha sido sólo un preámbulo para muchos que tenemos la fortuna de salir, de lo que será el cierre del año, sobre todo en octubre, en cuanto a conciertos y “tocadas” se refiere. Amén de la saturación que habrá de los festejos del bicentenario, lo que resta del año promete estar a tope de trabajo, fiestas, conciertos y ruido. Decibeles más a la bocina y menos a nuestra capacidad auditiva, aquí una vista breve de lo que ha sido agosto y una probadita de septiembre, con algunos altibajos como por ejemplo la decepción que varios sufrimos al darnos cuenta de que el evento de Laboratorio Arte Alameda el 14 de agosto con Kevin Shields era, increíblemente de una artista sonoro bajo el mismo nombre del fundador de My Bloody Valentine (muchos nos emocionamos aunque la propuesta de la chica no desmerece), o la grata sorpresa de acudir a un desfile de modas diferente y propositivo esa misma noche en la colonia Doctores con la norteamericana Vikki Plet. También una mentada de madre para los de Sicario.tv por regalar boletos y dejarnos afuera del evento del Whiskey en el museo de Economía donde iba a estar The Rapture en modalidad dj set, o la asquerosidad de evento de The Smashing Pumpkins (o lo que queda de Billy Corgan), organizado por MTV. En fin, de esto y muchas cosas más se trata agosto 2010.

Teengirl Fantasy, 6 de agosto, Galería Yautepec. Dueto electrónico de Ohio, EU, una de las galerías de arte más jóvenes y sui generis de la ciudad tuvo a bien hacer un evento de este tipo, con pocos recursos pero mucho entusiasmo. Lamentablemente sólo alrededor de cien personas pudimos entrar debido a las dimensiones de la galería ubicada en la colonia San Rafael, sin embargo, pese a que fue una noche atropellada por lo atascado del sonido y lo inapropiado del lugar, el grupo del que supiéramos existía a partir del no menos atropellado festival MtmX en Monterrey en marzo de este año, amenizó con un sonido dream pop psicodélico bastante a gusto, muy en la vena de lo que viene haciendo Washed Out o Toro y Moi; bailable por momentos, respetablemente ruidositos, coquetones con sus anillos de neón y su austera luz estroboscópica, Teengirl Fantasy es un grupo que seguro no dará mucho de qué hablar pero que seguro vale mucho la pena escuchar y por que apostar para ir a ver en una futura ocasión. Buen intento, y buena idea la barra libre modesta pero rendidora por parte de la Galería Yautepec que, dicho sea de paso, vale la pena darse la vuelta para ver la propuesta de este local dedicado al arte joven. (http://www.myspace.com/teengirlfantasy).

The Juan McLean dj set, 21 de agosto, Pasaje América. Bajito el peine la DFA le dio un giro de tuerca a la música electrónica bailable en todo el orbe y puso a bailar con beats a los roqueros, sacando cosas tan interesantes y propositivas como LCD Soundsystem o los mismos The Rapture. Los remixes que hace Juan McLean son reputados y dejan ese sabor de poder colocar nuestros gustos melómanos sesenteros, setenteros, ochenteros y actuales, y hacerlos actuales, disfrutables e irremediablemente bailables, dejándolo a uno con ganas de acabarse sus tenis y la pista de baile. La noche del sábado 21 de agosto no fue la excepción; The Clash, Michael Jackson, Marvin Gayve o Soulwax sonaron en los platos de este barbón que desde el cartel era garantía segura, una noche como marcan los cánones: sudorosa, llena de chicas y chicos guapos bailando, dejándose llevar por el beat, por la majestuosidad de saber mezclar y tener inventiva para hacer potenciar la música hasta sus últimas consecuencias nocturnas.

Un agasajo, sin embargo no hubo demasiada emoción, la dispersión reinaba y el dj pasó a segundo término (como a veces tiene que ser) y todo pareció un ritual concertado, a gusto, sin ese halo de ser “El Evento”, el Pasaje América con sus tragos caros y medianos lo logró arriba del promedio y con ganas de más. No obstante todo resultó en una gran noche empapada de sudor y alcohol; un buen entrenamiento que subiría de nivel lo que estaba por venir.


Neu!, 27 de agosto, Polyforum Siqueiros. La noche del último viernes de agosto estuvo copada por el rock macizo, original y sin concesiones. Una leyenda nos visitaba, mucho conocedor, curioso, advenedizo y melómano se dejó caer al evento organizado por la filial mexicana del sello canadiense Arts & Crafts. Neu! Es una leyenda de lo que muchos tendieron a llamar Krautrock en los setenta, su fundador original, el alemán Michael Rother se hizo acompañar sólo de su guitarra, su laptop, sus secuensiadores, de Aron Mullan al bajo y un ya adulto baterista de Sonic Youth (Steve Shelley), en una hora y pico que dejaron a todos atolondrados de lo majestuoso de su música.

Esta versión de Neu! Llamada Hallogallo recetó recio al personal con un sonido impecable, en un recinto increíble, ante un público ecléctico que lo mismo creía que estaba viendo a Devendra Banhart en el Salón Vive Cuervo esa noche, que los conocedores de nariz respingada y ganadores de boletos despistados. Un rock espacial, secuenciado, el porqué de bandas como LCD Soundsystem o los mismos Sonic Youth, repetitivo pero al mismo tiempo diferente, la razón por la que a uno le gusta ir a conciertos y sentir que se evapora por completo y pierde entre colores y sensaciones. Como dijera el payaso Krusty: niños, creo que no veremos eso en un millón de años.



Panda Bea 3 de septiembre, Polyforum Siqueiros. Otra vez repitiendo lugar (nunca me cansaré de decir que el Polyforum es un lugar increíble para los recitales), uno de los componentes de Animal Collective hizo su sencilla aparición en un lugar a poco más de la mitad de su capacidad para llenar la cabeza y corazón de los asistentes. El último trabajo de Animal Collective ha dado la vuelta al mundo como uno de los mejores discos de nuestros tiempos, a parte de que Panda Bear (Noha Lennox) lleva años haciendo su propuesta independiente él solito.

Proyecciones psicodélicas de calidad, colores, escurridos, un sonido bien aunque bastante fuerte, y capas y capas de sonido, atmosférico y ensoñador, como si de una sola pieza se tratara, dejó a muchos de los asistentes con la sensación de haber visto un halo de luz en todo el foro, deslumbrante y atolondrador. Pop, folk psicodélico a su máxima expresión, un recital de costo elevado a mi parecer en comparación con otras presentaciones del mismo artista, muchos que fueron creyendo que era otra cosa salieron del evento con una mueca, como inconformes creyendo que les habían tomado el pelo con tanto ruido y experimentación, con tanta pared de sonido y repetición, secuencias y fantasías.

Decía alguien por ahí que antes el arte buscaba corromper, provocar, y que hoy eso lo hace cualquiera. Hoy gran parte del arte sirve para aliviar o sanar, y lo que hace Panda Bear encaja perfecto con el deleite y lo extrasensorial, un brochazo de felicidad al subconsciente que hace la pena volver a levantarse todas las mañanas e ir por más, tener ganas de más; estar preparados para lo que el resto de septiembre, y sobre todo octubre, tienen por dar.




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