... Iba caminando por El Malecón, cuando de repente escuché la otra voz.
Wednesday, December 22, 2010
Alguien a quien quiero y aprecio mucho, me regaló esto apenas hace un día. Resta decir que me dio aliento, resta decir que no hay mayor alegría que seguir vivo y poder contarlo. Muchas gracias.
ALGO CRUJE
Max Rojas
Algo cruje; ciertamente algo cruje. Madera o mundo o muerte ya cansada cruje; ciertamente algo cruje, roe campanas, masca niebla; algo mastica huesos de angustiadas palomas. Algo cruje; ciertamente algo cruje: caen sonidos o golpes de azadón o alguien escombra piedras o quién va hacia mi hueco, pero no, y sigue de largo. Ciertamente algo cruje, algo en alguna parte se está muriendo a escombros, algo se está viniendo abajo. Tristeza o soledad o rabia oscura: qué desolado mundo sin ti se desmorona.
Si algo me da cierta fuerza como para levantarme todos los días y soportar lo insoportable es la música. También los libros, las películas y las exposiciones de arte, conocer gente y sitios nuevos. Uno podría pensar que entonces no tendría porque haber motivos para amargarse, pero diciembre es un mes muy frío y feo en ciertos términos. Y la buena música ahí está, siempre sale, entre más feo se ponga el asunto más música buena hay, es un acto-reflejo del arte ante la vida siento yo.
2010 ha sido un año muy prolífico de música nueva, no en balde ha sido el año que más conciertos he tenido oportunidad de presenciar, de los mejores de mi vida quizás. También ha sido el año que más cantidad de música he escuchado, tanto la rareza como el mundo popular se pone a favor del oído y saca joyitas. Puede que la mayoría de los discos que enlisto no trasciendan la historia de la música general y no figuren ni en la lista de lo mejor incluso de los artistas en mención, pero aquí está, con muchas cosas chingonas fuera que valdría la pena revisar y que quedarán en el olvido.
Discos como el último de LCD Soundsystem (que conciertazo dieron en DF), el de Brian Eno o el segundo placazo de Grinderman me parece que hay que darles sus buenas escuchadas y valorarlos como el dios de la prudencia marca. Hay artistas que se dieron el lujo de aventarse dos entregas, como Eels que me parece un gran grupo, o Atlas Sound que tuvo la vanidad de sacar un montón de demos, pretendiendo que todo lo que emite es digno de escucharse, sólo artistas como Sun Ra o John Zorn pueden sostener esa lógica; Deerhunter y No Age, por su parte se perfilan también como unas bandas que no son de un éxito nada más y en el ruido pop exploran algo que probablemente se vuelva más sólido, maduro e interesante con el tiempo, al igual que Tame Impala, las chicas mugrosas y bellas de Dum Dum Girls y las Warpaint; de lo nuevo que sólo ha salido un poco tal vez valga la pena echarle un ojo a Breakboot (¿ya bailaron Baby I´m Yours?) o Tennis, buenas bandas también para la diversión y la pista.
Clinic y The Coral siguen haciendo música por gusto y si bien no innovan se establecen de a poco como esas bandas chingonas e impopulares por las que casi nadie apostó y hoy son de culto, manteniendo la calidad y la dulzura respectivamente.
Discos como el de Toro y Moi marcaron al llamado “chill wave” como nuevo género para los buscadores de tendencias pero también mostraron que la mugre, la economía de recursos y baja fidelidad pueden ser elementos preciosos y elegantes para la música. Junto con el último disco de Caribou, Washed Out, Air France o Teengirl Fantasy perfilan un abanico interesante a seguir.
Artistas ya consagrados también se apuntaron, si no un diez un “hey, sigo siendo un artista que vale la pena” con sus placazos marca 2010: Neil Young, The Roots, John Zorn, Massive Attack, Antony & The Jonsons, Tortoise, Yo la Tengo, o Laetitia Sadier de Stereolab son algunos que si no hacen cosas nuevas sí vale la pena revisar para checar las letras y la producción que se avientan.
Ok, después de hacer un equilibrio entre cantidad, calidad y propuesta, he llegado a lo siguiente, tratando de ser fiel a mi gusto, bagaje y perspectiva. Como es costumbre estoy casi seguro que no sucederá en más del 50% pero la idea es una invitación para que usted, lector chulo, deleite sus tímpanos si algo de este enlistado le despierta la curiosidad de buscar en youtube o la discoteca. Enjoy!
10.- Emmanuel Horvilleur-Amor en Polvo. Seguro que Amor en Polvo es un disco que nada tiene que hacer cuando se le planta la mayoría de los de su viejo gurpo Illya Kuriaki & The Valderramas, aunque no tiene nada que ver el nuevo del argentino.
Horvilleur tiene una carrera hecha y poco potente en términos de popularidad, su concepto sexy-disco-afeminado-soul, no ha tenido pegue entre la muchachada pero eso no es barrera para que el ex Illya se haya aventado un disco pop tan de buena factura.
Amor en Polvo tiene un estilo muy rico y bien hecho, echa mano de Barry White, de Marvin Gaye, pero también se arriesga por un sonido bien hecho y unas letras pop perfectamente estructuradas. Las poesías que se convierten en canciones vienen desde lo ridículo para hacerse verdadero: lo naco, el kitsch genuino que no pesa, o que pesa tanto que no es fársico.
Casi todo el disco se deja escuchar con la cadera y con un humor bien específico, aunque a los puristas del rock y la seriedad lo más seguro es que lo aborrezcan. Cortes como Maicol, Amor en Polvo, Japón, Llamarada o Dibujo animado muestran que a veces no se necesita nada más que ver con simpatía y desenfado las cosas que nos atormentan. Fresa le dicen, y sí, es un disco que a mi me hubiera gustado escucharle a Benny, Julieta Venegas o a la Pau Rubio en el más ñero de los casos.
9.- The Radio Dept.-Chinging to a Scheme. Thurston Moore es sampleado en uno de los cortes, habla sobre el panorama de la industria de la música, inmediatamente después escuchamos una música linda, en la tónica chill wave pero con algo más, pop bien hecho, la voz casi imperceptible, y lo mismo nos arrebata una sonrisa que una cadencia en nuestro lugar. Chinging to a Scheme es uno de esas sorpresas que levantan un grupo que ha venido trabajando mucho y que casi no había sido pelado; también es un disco que resulta estimulante para iniciar la mañana. Hace bien en días difíciles y no trata al escucha como retrasado mental.
En la portada del último disco de The Radio Dept. vemos un tipo onda Woodstock darse unos pipazos; nada más idóneo para esta placa ya que es un disco para echarse, para melómanos, para trendys y entendidos y advenedizos, para disfrutarse a gusto, con amigos, que dice cosas que vienen de muchos lados, que nos llena de imágenes precisas y bellas. Muy sutil, atmosférico y de lo mejor producido este año.
8.- El Guincho-Pop Negro. Concesiones al mainstream, nada del otro mundo que Animal Collective y un montón de bandas más no haya hecho. Sin embargo aquí está, se coló en el número 8 de mi lista por sonarme lindo, por esconder la belleza en la pretensión pop collage atmosférica y sesuda. Uno de esos discos que ni a golpe de repetición trascenderá, pero que yo pienso que si se escucha sin prejuicio y en condiciones adecuadas seguro nos dirá algo importante. Bálsamo para el alma sencilla. No es para todos aunque no hace más falta que sólo escucharlo.
7.- Flying Lotus-Cosmogramma. Me choca un poco el término “electrónica inteligente”, pero bueno, ahí están consagrados Boards of Canada, Tortoise, Autechre, Four-Tet, AFX y muchos más que pues efectivamente son muy inteligentes y no usan las máquinas para poner a bailar a toda Ibiza y que no tocan para nada en el Love Parade.
Cosmogramma es un disco electrónico chingón, sin más. Abstracto pero de fácil acceso, hasta Thom Yorke se avienta su paloma por ahí, el arte del disco está de lujo y uno recorre con éste texturas selváticas, de ensueño y surreales. Sí, ya lo han hechos miles más y por kilo, pero nunca deja uno de agradecer que alguien deconstruya y traiga con aire refrescante lo que durante finales de los noventa le dio sabor a los samplers y secuencias.
Flying Lotus es una propuesta muy mental pero también bastante sensorial, si se le toma en serio o la ligera lo mismo se disfruta. Todo un viaje en una sola pieza. Gran disco.
6.- David Sylvian-Sleepwalkers. No me agrada poner en un enlistado, me parece sobrado, como si le dijera a mi lector/escucha que no hay nada bueno ni nuevo que un the best of… es mejor que cualquier otro disco, y más viniendo de una leyenda entre los conocedores respingados, como lo es David Sylvian.
No obstante, Sleepwalkers se salva de todos aquellos fundamentos inocuos, es una placa con “lo mejor de…” pero que trae jiribilla. El ex integrante de Japan y multicolaborador de músicos de culto y renombre, nos entrega esta compilación con colaboraciones, con remociones tales que hace parecer a este disco uno completamente nuevo.
David Sylvian no es un artista precisamente accesible, es muy mental, abstracto a ratos, oscuro y de un tiempo para acá bastante desolado y triste, su último disco del año pasado, Manafon, abunda en el silencio y la soledad como elementos de su discurso. El tipo parece no reponerse de una ruptura sentimental de años y se ha hecho cada vez más intransigente con su concepto no sólo de hacer y percibir la música, si no de relacionarse con los humanos también, autoconfinándose en una cabaña fría en medio del bosque en su soledad, donde lo visitan de vez en vez sus hijas.
El disco es sencillamente poético y precioso, pero también es bajón y desolado, tanto el arte, la forma y el contenido de Sleepwalkers no tiene fisuras, es elegante y la música está colocada casi artesanalmente, justifica cada acorde y la lírica mantiene una cohesión y disfrutabilidad sin parangón. Vale la pena escucharse en una sola toma, así como viene.
Una recopilación bastante atípica, incluso para Sylvian mismo; sus nuevas colaboraciones y maneras de hacer música tal parece indicarnos que lo mejor de este artista de culto apenas está por venir.
5.- Kanye West-My beautiful dark twisted fantasy. Me cae muy mal Kanye West: es un mamón de primera y declara a cada rato sobre cosas que sólo atraen el disgusto de la gente, como los Gallagher en su momento, este negro parlotea más de lo que realmente hace. Me parece que es un tipo que ante tanta fama y éxito ya perdió la chaveta por completo.
No obstante, el reconocimiento del talento de West me parece un ejercicio de sinceridad ante una producción tan bien hecha, muy musical. Lo que hace Kanye en su última placa es exagerado (hay en promedio diez personas involucradas en la producción de cada canción), rimbombante, barroco a más no poder (en la acepción vulgar del término) y se acerca cada vez más al rock pop en cuanto a forma, que al hip hop de factura popular que diera el estadounidense desde Graduation.
El disco rebosa en letra, música, colaboraciones y producción. Para alguien que está acostumbrado al exceso resultaría motivo de suicidio no mantener el título con un disco tan bien hecho como éste. Puede que no te guste el Hip Hop, puede que no te interese lo que hace West, pero visto con o sin conocimiento y pose, esta entrega es muy buena, lo podría escuchar un montón de veces en el día, y resiste a los embates del tiempo y la crítica, pese a quien le pese. Gringo a más no poder, pero como encanta; mantener un espectáculo no es tarea sencilla hoy en día, y si uno escucha este disco de nombre larguito sin mayor pretensión que el simple gusto por la música universal seguro saldrá con un buen sabor de boca.
4.- Massive Attack-Helligoland. Yo ya no me esperaba nada de los de Bristol, “trascender el trip-hop chavos” era mi lema. Sin embargo discos como Blue Lines o Protection me dejaban el beneficio de la duda, y más cuando desde el papel figuraba algo bien hecho y trabajado: años sin grabar, regreso de la alineación original y colaboraciones de lujo (Hope Sandoval, Damon Albarn, Hope Sandoval ex de Macy Star, Martina Topley-Bird y Horace Andy) no permitían el error. Aunque el último disco, las últimas presentaciones y el silencio auguraran lo contrario.
Helligoland es un disco que seguro mantiene fans y atrae nuevos, no es trip-hop, es eso y algo más, oscuro en sus letras como siempre, crítico mas no panfletario, bien producido y trabajado, y el aceite que chorrean en vivo (las presentaciones en el DF fueron una pasadota con todo y visuales incluido) son elementos que sólo trabajan bien quienes llevan el talento y el callo de forma tan discreta y bien canalizada.
Con esta placa Massive Attack junto con Portishead no sólo regresan al mapa sino que nos regalan un disco que vale la pena y que sobresale de cosas nuevas y viejas. Densos como ellos solos, enormes como saben. El que sabe, sabe.
3.- Gorillaz-Plastic Beach. Al principio dije “ah, mira, qué bueno está el disco de Gorillaz. Cumplidor”, pero conforme lo fui escuchando dije “carajo, Damon lo volvió a hacer”. Y no importa que colabore con Massive Attack, que reviva a Blur o que Haga rolitas sueltas por ahí, el inglesito payaso sigue haciendo cosas que vale la pena escuhar, adelantándose de forma discreta a su tiempo. Es un excelente productor y este disco sí siento que supera el Demon Days que en su momento también fuera una chingonería.
Si bien buena parte se las sigue debiendo a sus colaboraciones de alto octanaje (Lou Reed y Snoop Dog sólo aquí, Ants Empire con Little Dragon es una de esas cosas que me conmovieron de forma enorme), Plastic Beach es un disco muy bueno, easy listening pero también que entraña secretos para aquellos que saben leer bien entrelíneas. Es como la idea de Kanye West pero llevado a un terreno más amable y creíble. Pese a que huele a querer vender también se siente coherente, sincero y poderoso en su cancha, en sus términos. Atrás quedó hacer un concepto con caricaturas, esto es libertad musical. El mundo se está cayendo a cachos y Damon Albarn regala flores hermosas y marchitas para nuestros oídos. Que bonito y entretenido disco, no me cansaré de decirlo.
2.- The Black Keys-Brothers. Pero entre tanta riqueza musical, tanta fusión y rompimiento de barreras uno recuerda que entró a este negocio por las guitarras, el bajo y la batería. El último disco de los roquerísimos The Black Keys es eso: puro pinche rock marrano, macizo, duro y a la cabeza.
De todos los grupos que siguen haciendo rock viejo de guitarras como The Dead Weather, Black Rebel Motorcycle Club o The Black Mountain, The Black Keys me parecen los más duchos y genuinos. Grasa, soul y blues bien aprendidos y rejurgitados.
En el arte del disco se explica mejor la onda: este álbum se llama Brothers, el grupo es The Black Keys, estas son las canciones y quien las toca son estos tios. Ya, con eso.
Atrás quedan incluso los puristas del rock que se quedan en lo clásico y se repiten y repiten, The black Keys traen bien aceitadita la lira y nos regalan lo que para mí es uno de los mejores discos del año, se deja escuchar con o sin humo en el aire, con la pelvis, los pies y las caderas o la cabeza, rock y más rock, es nuevo porque es bien viejo, no innova y a la vez no se había escuchado antes nada así.
1.- Caribou-Swim. Caribou es una de esas bandas que creo que no esperan triunfar y de repente todos voltean a ver ante algo tan bueno como su último disco. Pero la verdad es que llevan haciendo discos buenos sin pegar, que de a poquito han evolucionado y de repente, pum, lo logran.
Buenísimos en vivo, buenísimos en estudio y muy ingeniosos haciendo acetatos raros sólo para sus fans o pinchando en las fiestas, este canadiense se pensó un disco que fuera exclusivo para nadar, agua. El resultado es algo bien disfrutable, ácido, rico, multicolor pero no lindo ni infantil, música que alimenta a los sentidos, el cerebro y los pies. Swim es lo que llamo un disco completo, elegante y discreto. Pop psicodélico de la mejor factura, sensual y excelentemente bien producido. Vale toda la pena. Y por el poder de Greiscol lo llamo disco del año. Amén, nos vemos en diciembre de 2011.
Desde el cuarto de Gabriel vemos hacia abajo su pequeño patio trasero, desde donde ladra su perro nuevo que aún no tiene nombre. “Está muy bonito, ¿qué raza es?” Pregunta Eva desde el fondo de la habitación, acostada en la mesa de Gabriel. Nadie contesta, sólo lo vemos dar vueltas en círculo, desesperado, chillando; nadie habla de su encierro, que el animal no está cómodo en un espacio tan pequeño e inapropiado, que quiere salir, aunque todos lo observamos con compasión incluso Gabriel que sabe dentro de sí que no cuidara del animal, nadie se atreve a decir que la situación del perro es cruel ni siquiera yo, todos callamos. Todos menos Eva.
Hace días, casi un mes continuo ya, que no puedo dormir, lo cual me está provocando muchas complicaciones en el trabajo, cualquier día de éstos me corren. Eso estaría muy bien salvo porque tengo deudas que pagar y conseguir trabajo de forma inmediata no es lo que se dice precisamente mi espacialidad. Las ojeras debajo de mis ojos son cada vez más intensas, los ojos los tengo inyectados de sangre casi todo el tiempo y mi humor crece con asombrosa rapidez en irritabilidad.
Hace semanas también que no busco a mis amigos, al parecer ambos bandos se encuentran aburridos uno del otro. Lo mejor es darles un respiro a todos: Gabriel, Eva, Ángel, Román y los demás. Seguro otro día saldremos a ver una película o a una fiesta y como si nada, como siempre ha sucedido. Días de cargar la pila para algunos dice Román.
Me inscribí al gimnasio pero el ambiente de esos lugares me parece algo casi imposible de soportar. He tomado tés y pastillas, cambié el colchón e intenté con varios métodos y posiciones para dormir pero nada ha surtido efecto. El estrés va en aumento y mis vacaciones se ven a kilómetros de distancia.
La semana pasada me cité con Elena Ramos, quien fuera la última mujer en mi vida desde ahora ya hace muchos años. “Deberías buscarte otra mujer”, soltó como primer saludo, como escudo de persona nueva, segura y reluciente. Nos vimos porque tenía un par de libros que necesitaba y para pagarme un dinero que me debía, el cual me viene más que bien puesto que, encima de ser una cantidad considerable, no tenía contemplado que me lo devolviera y me ayuda bastante con mis cuentas por ahora.
La última vez que vi a Elena me aventó un trago en la camisa, dijo que era un imbécil y que no quería que la volviera a buscar. Esa noche, recuerdo, no dije nada sólo estuvimos sentados uno frente al otro, contemplando como sus escusas se convertían poco a poco en diatribas. Tenía mucho que decir, como siempre, mas me quedé callado, sólo, con la camisa que más detestaba ceñida a mi cuerpo, terminando el vodka que aún quedaba en mi vaso, viendo el servilletero de yeso pintado que estaba en la mesa.
Dejé de fumar y beber porque me cansaba mucho y no estaba ayudando a conciliar el sueño. Las crudas terminaron por aniquilar mi energía restante de la jornada laboral y matar el escaso tiempo libre que tenía los fines de semana. Lo nefasto en mí adquiría un brillo especial cuando me emborrachaba: yo, acostumbrado a hablar de forma copiosa e intensa, imprudente, lo hacía más tomado y comenzaba a ser más colérico. La última ocasión que me negué a beber con mis amigos fue un desastre. “Me latías más cuando andabas pedo” Dijo Eva. Todos soltaron la risa, que después se convirtió en silencio incómodo ante mi cabeza gacha, el cual fue interrumpido segundos después por los aullidos de su perro.
Sin embargo, tal vez me mentiría a mí mismo si dijera que no me la he pasado bien, si a alguien que por mera curiosidad me preguntara de repente que si no me he acostumbrado al insomnio y la soledad y me pusiera a largar sobre lo terrible de mi situación, y me pusiera en el papel del autoanalista para ver porqué me suceden las cosas. La verdad es que el andar solo tiene sus ventajas y las películas adquieren otro color y aumentan en número. De la desesperación uno salta a la indiferencia y tal vez de ahí a la resignación. Lo cierto es que llevo un par de días sin pensar en ello.
Este fin de semana que acaba de pasar Eva me marcó por teléfono, dijo que estarían en casa de Gabriel toda la noche, escuchando los discos nuevos que Gustavo había traído de Chile. “No sé qué chingados puede traer de allá y pagar tanto, tiene que ser algo bueno, mira que habiendo tanta madre que baja el tipo en internet, ha de valer algo la pena. Vamos”. Sonreí un poco recordando a Gustavo de pequeño, cuando nos decía que algún día viajaría por todo el mundo y traería viniles para expandir nuestros horizontes. Agarré mi chamarra y partí rumbo a la casa de Gabriel, que quedaba sólo a un par de colonias de la mía.
En el cuarto de Gabriel estaban todos y un par de rostros que ya no me eran familiares. Tomé una cerveza y comencé a beber. Detrás del bajo dulce y acompasado que provenía de los acetatos de Gabriel, se escuchaban los ladridos de su perro.” ¿Ya le pusiste nombre a ese pinche perro Gabriel?, quizás por eso ladra tanto” Soltó Eva provocando la risa de todos, menos de Gustavo, que se estaba tomando la sesión muy en serio. Entonces por fin pude hablar.
“¿No les ha pasado que llega a veces esa tarde de sopor? Hay un instante en que la mitad de las cosas se desvanece y no tienes el control total de tu cuerpo. Estás pensando en un montón de cosas dispersas, y de pronto ya llevas rato pensando en nada. Es como si fuera un sueño consciente”. Todos se me quedaron viendo con cara extraña, unos más parecían querer reírse o soltar un comentario que rompiera el silencio. Eva, Gustavo y Román movieron la cabeza negando la pregunta.
Esa noche por fin pude conciliar el sueño pese a lo incómodo y reducido de la habitación y el pedazo de suelo que me tocó para dormir. El arrullo fueron las voces de Gustavo y Gabriel acerca de música y los viajes del primero. Y los ladridos del perro, que cada vez parecían más fuertes y graves, sus chillidos parecían con los días más desesperados, pareciera que el animal comenzaría a hablar español en cualquier momento.
También tuve un sueño. En el sueño también estaba dormido en el cuarto de Gabriel, y sus ladridos habían hecho que me levantara del piso. Todos dormían; desde la penumbra del cuadro podía verse la ventana que daba a la parte trasera de la habitación, se veía el cielo iluminado y un ruido lejano de una fiesta, mas los ladridos del perro de Gabriel eran incesantes. Me levanté y brinqué los cuerpos dormidos, me dirigí hacia la ventana, desde ahí miré hacia abajo donde estaba el perro. El animal me veía desde la oscuridad, parecía que lo hacía desde el fondo de un pozo muy profundo, apenas se lograba observar el brillo de sus ojos desesperados. Un pozo ciego, desde el abismo. Eso era, me di cuenta de que estaba soñando, sin embargo mis ganas de ayudar al animal eran cada vez más fuertes, los ladridos le resultaban insoportables a mis nervios pero al mismo tiempo me llamaban a la compasión. Moví con cuidado el mueble donde estaba el tocadiscos de Gabriel, subí una pierna en el borde de la ventana, me sujeté del marco de metal y con la otra pierna me impulsé para quedar en el filo en cuclillas. Abajo sólo oscuridad, distancia y frío. Me sentía muy pesado, el llegar a la ventana había sido una labor titánica, que seguro en una circunstancia real hubiera sido lo más sencillo del mundo.
Ahí, en el filo de la ventana, a punto de saltar, pensé en el sueño, que era eso y que tal vez no sería una idea descabellada llevarlo a cabo en la realidad. De pronto acaricié el aire y sentí el viento, estaba espeso, tenía textura, de tela, el aire estaba acolchonado, y entonces me dejé ir hacia el vacío, abrazando el aire, en cuclillas, suspendido de a poco en el ambiente, el perro ladraba cada vez más asustado, respiraba aceleradamente. “Oye ¿qué haces?, no seas marrano”. Era Eva, que me despertaba, quitando mis brazos de su cuerpo, estaba apenado, y Eva furiosa porque pensaba que estaba haciéndole al loco, me soltó dos golpes en la cabeza y luego me sonrió: “estás bien malito chavo”.
Desde que regresé a mi casa esa mañana sólo he pensado en el sueño, que me sentía muy bien saltando al vacío, tampoco los ladridos del perro han salido de mi mente, pareciera que me quieren decir algo, ¿sólo yo los escucharé? ¿A mí nada más me alteran? Desde entonces me he concentrado en eso, pero tampoco he vuelto a conciliar el sueño. Pero la tarde de hoy, durante el trabajo; todo fue distinto.
La cabeza me dolía y mi café se había enfriado. Estaba redactando un reporte mensual para mi jefe, sentía ardor en el ojo derecho. Frente al monitor sólo había dos párrafos, me habían telefoneado un par de veces para presionarme, y aún no se me ocurría nada, estaba muy disperso. “Es importante verificar el flujo operativo para optimizar recursos y evitar sucesos inesperados…”. Hasta ahí iba el reporte; tras la palabra “inesperados” una pequeña línea negra parpadeaba, presionándome como mi jefe para que escribiera más, como si disparara hacia mi cabeza para jalar las ideas. No me percaté que llevaba minutos viendo la línea sin pensar en nada, en el vacío.
Ahí estaba, en el borde de la ventana, con los brazos extendidos, juntos, como si me dispusiera a lanzarme un clavado. Me dejé caer, rodando en 360 grados, con los brazos extendidos a mis lados, ahora separados, cayendo lentamente hacia el lejano fondo de la sotehuela de Gabriel. Caía sobre el viento espeso y frió, rodando; el perro ladraba cada vez más fuerte y rápido, estaba absorto y concentrado en caer, tal vez no sería mala idea intentar caer siempre, estar en ese estado de agradable sopor interminable. Hubo un momento en el que sentí llegar al fondo, mas no tengo el recuerdo muy claro, probablemente estaría mintiendo al aseverar tal cosa, pero pude haber llegado al fondo, acolchonado, y los ladridos del animal tal vez desaparecieron, no creo que hayan cesado, pero sin más, abruptamente, cuando llegué al patio dejaron de sonar. Quizás también ahí, desde el patio, voltee a ver hacia arriba, para calcular visualmente la distancia de la que me había lanzado. Recuerdo un pinto lejano y con luz un tanto pobre, como una estrella a punto de caer.
Esta noche Gabriel ha llegado a su casa y ha descubierto que no hay luz, abriéndose paso entre la penumbra con su encendedor ha podido llegar hasta la cocina, al fondo de su casa, ha abierto la puerta que conduce a su sotehuela. Le extraña que los ladridos del perro no respondan ante los ruidos de su llegada, siente un poco de miedo ante tanto silencio y tiniebla, como cuando era pequeño. No puede ver nada, todo es oscuridad allá atrás, prende un cigarro, la luz que emite el encendedor ilumina tenuemente el reducido espacio, sólo puede ver una porción de suelo, donde sus pies se reflejan, expulsa la primera bocanada de humo; hace frío. El perro ya no está.