Monday, February 07, 2011


Y venceremos

Con cariño y respeto

a los que, desde su palestra,

están intentando un cambio sustancial.

¿Cuántas obsesiones abundan en un solo “tuit”?, ¿cuánta mentira y manipulación de la información se permea ya en la red ante la evidente inconsistencia de la tv, la prensa y la radio?, ¿tendremos un estimado de la cantidad de gente que se traga cualquier mensaje oficial o cualquier “crítica” al respecto?

Últimamente he tenido ciertas desavenencias con algunos de mis amigos y/o compañeros de trabajo por no entrar de lleno a los temas “que realmente le atañen al país y al resto de la humanidad”; he sido expulsado de las discusiones porque sencillamente me declaro ajeno al tema. Soy tildado de estúpido e ignorante por confesar mi apatía total ante #trendingtopics y demás tópicos que versan sobre política y movimientos sociales sobre todo.

Puede que tengan razón, soy un frívolo, un apátrida, un desconfiado de casi todo y todos, incluso de mí mismo. Sin ánimos de curarme en salud ni sostener una tesis amarga ya mil veces probada, reitero que la hipercorrección política es un asunto que me genera más que muecas y amarguras; me provoca un estado de absurdo. Que si esta semana es Kalimba, la otra es Top Gear, que si ésta es campaña en la red por no más violencia mañana es Carmen Aristegui.

Se ha comentado ya también cientos de veces que la red ha venido a diversificar las ópticas respecto a los sucesos que le atañen a la humanidad entera, pero también ha venido a darle herramientas a gente (quizás como yo que escribe este post) que no tiene conocimiento de causa, que habla sólo por un afán de pertenencia y autoafirmación, que suelta comentarios a la ligera; hoy vi un “tuit” de una chava que aseguraba que aquellos que defendían la libertad de expresión por las acciones acometidas contra Aristegui no tenían porqué quejarse de los comentarios emitidos por los ingleses de Top Gear contra los mexicanos. ¡Dios!

Qué bueno que existan los canales para que propios y extraños se huelan la cola unos a otros, pero todo esto me lleva a pensar que la subjetividad abunda más que nunca también. Que el sistema tiene la justa medida para ocupar los dos lados del hacha y que lamentablemente están más allá que cualquiera que siente que ya está aportando algo con un click en Facebook o cualquier red social. La revolución al alcance de todos.

Bueno ¿y tú qué haces? Es la diatriba que me espetan. Pues bueno, creo que el asunto es más sencillo de lo que parece. Educación, básica y llana nada más. Canales para combatir contra uno mismo, efecto inocente y mariposa. Tal vez no sea nada y quizás ahí se encuentre el meollo del asunto; tener criterio para discriminar o incorporar aquello que es importante de verdad. La consciencia de quien conoce al monstruo.

Sencillamente tal vez tenga más que ver con cuestiones de civilidad que con análisis muy profusos en charlas de café, foros de debate o marchas. Últimamente noto más odio e insatisfacción entre mis contemporáneos; lo más probable es que alimenten más aquello contra lo que arremeten. No es proponer una actitud pasiva más sí elementos básicos que anteponer ante el cada vez más desalentador panorama que se perfila como futuro próximo.

La insatisfacción y el hartazgo de la opresión, ya sea pasiva o directa ha llevado a ciertos países de Medio Oriente a levantar la voz. La cuestión es si aquí estaremos dispuestos a repetir los errores de los movimientos sociales del pasado, llámense revoluciones, guerrillas o “levantamientos aislados”.

De entrada, en mi muy pobre punto de vista, me parece un asunto de educación básica, de información, pero no de informarse en periódicos e internet, que es importante y elemental a su vez sí, sino de empaparse a través de nuestras piernas, sentidos y cerebro. ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por un día de ocio, por un momento de inconsciencia; por un ser esclavos de nuestras carencias más intrínsecas?

Ejemplos hay millones: el desdeño ante el arte como bien primordial, el ser enfáticos en las maneras de convivencia, el buscar el desahogo en la cartera, etc. Un sistema educativo optimo es impensable dadas las condiciones y dado el tipo de población que somos, tendrían que rediseñarse y ajustarse respecto a las miles de divisiones sociales que imperan en nuestro país. Pero lo que sí es importante es un cambio elemental, de uno, exámenes internos que hagan evidentes nuestros detalles más adversos, ¿qué tanto se le miente al otro?, ¿qué tanto sentido tiene eso que estás adquiriendo; eso que estás comprando, literal o metafóricamente hablando, sentimental o mentalmente también?

Asuntos básicos como la sonrisa, la mano, el favor sin espera de retorno, la cooperación ante aquel que desdeñamos, el ser lo suficientemente intuitivo como para darle peso a las insignificancias o desdeñar a las “importancias” vuelven nuestro entorno diferente, generan un cambio de forma indirecta, son como un cáncer benigno. Y sí, no hay tiempo ni disposición, pero tampoco hay demasiado que perder y sí mucho que ganar. Si no me creen, pregúntenle al arte, busquen en la cuenta de banco del filósofo, cuestionen a la imagen mental que mejores recuerdos les traiga. Y entonces, quizás sólo entonces, la derrota habrá de saborearse como nunca en nuestra existencia…y venceremos.




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