Wednesday, March 16, 2011


Todos quieren pecar

Ricardo Pineda

Probablemente así es que uno entra más fácil en trance. Bailando. Toda la noche sin pareja, en un mismo lugar, cuando las piernas ya no se sienten; abandonado. Bailamos toda la noche y no nos dirigimos palabra alguna. Al final sólo quedábamos cuatro, parecía que ella se iba a caer; se reincorporaba para seguir moviendo las piernas al ritmo de la música, con los ojos cerrados; absorta.

De pronto un tercer ojo se entreabre, como persiana voyerista, apunta el láser justo para abrir la puerta. Dispara y logra dar. El otro ojo se abre y la ola entra rompiendo las bocinas; inunda el lugar.

El local estaba casi vacío, la gente apenas iba llegando. La barra estaba un tanto vacía y él pidió una cerveza. Su camisa le estrangulaba el cuello, sudaba a chorros, sentía baja la presión, veía el ambiente como amarillento con diminutos puntos verdes, que tras el primer trago de cerveza se tornaron sutilmente azules.

Un hombre de cara redonda, flaco, como de unos treinta años, se le acercó.

- ¿Recuerdas a Esther?

Él se desconcertó un poco pero el nombre le era algo más que familiar. Quizás un recuerdo atormentado, un silencio eterno encajado en el centro de su sien izquierda.

- ¿Tú quién eres?-Le pregunto.

- Esther se murió. Me dijo que hoy te vería por última vez. Esther se murió.

- ¿Cuándo murió?

- Esther dijo que por última vez.

Esther estuvo con él durante los primeros años de su vida. Las fallas en la comunicación abundaban. Él trabajaba de sol a sol y cuando se veían todo impenetrabilidad. Alguna vez ella le mostró su corazón. Luego vino el terremoto, y la tragedia y la distancia los distanció. Cuando se volvieron a ver, él ya no tenía pupilas.

Aquel individuo se alejó, dejando una puerta abierta en la mente de él. Desde aquella “última vez”, él dormía con el brazo derecho recogido. Decidió continuar y encontró el arma en su armario: un traje elegante y una corbata negra y elegante. Salió a ver a su prójimo.

Esa misma noche el redireccionó su mirada y se dirigió al baño. En el sanitario sólo estaba el señor que corta el papel y alguien dentro de una cabina con retrete. Se abrió la bragueta y comenzó a orinar sobre los hielos que inundaban la barra del mingitorio, apuntando su chorro hacia un limón. Veía como el limón cedía ante la potencia del líquido amarillo. Ese limón con forma de ojo entrecerrado, con pestañas: un gran ojo verde extirpado, perdido. Pero vivo.

De pronto hubo un apagón en todo el local, y él corto la orina. Subió su cierre pero cuando dio un paso atrás, topó con unos pezones firmes y amenazantes. Ese cuerpo le cubrió el pecho con sus brazos y recargo suavemente su oído en su espalda. Apretó su cuerpo contra el suyo. Él no pensaba, tenía un frío lo suficientemente poderoso como para poder pensar. Ella despegó su cabeza de su espalda y se puso en puntas. Le besó la sien izquierda.

La luz regresó y cuando volteó ya no había nadie en el baño, ni el señor del papel.

Cuando regresó a la barra el lugar ya estaba concurrido, y la música terminó por encender la noche. Se sentía extraño. Comenzó a bailar, estaba aturdido y no quería pensar en lo que le acababa de pasar, si Esther estaba muerta de verdad, o que tal vez sólo estaba viendo puntos azules y debía de regresar a casa.

Bailó por horas, y la gente lo miraba de reojo. Bailaba con los ojos cerrados, moviendo la cabeza de un lado a otro, sudado, con la camisa pegada al cuerpo. Bailaba, y estaba abstraído en su baile, cuando la música de ritmo aceleró.

La última vez que Esther se fue, él la vio desde la rendija que abría con sus dedos en la persiana. Entreabierta para semiobervar su partida. El entreabrió sus ojos y le pareció verla. Ella lo vio y le sonrió. Volvieron a cerrar sus ojos.

El agua inunda el lugar y todos mueren ahogados. Yo tengo una mesa con platos y observo como bailan mientras mueren; todos lo saben, a eso vienen: a morir. Bailan y bailan; todos quieren pecar. Al fondo tres pares de ojos se aman mientras mueven sus cuerpos al pie de la nota. Antes eran dos que no comprendían, después entró un tercero para que el pudiera ver. Ahora hay un cuarto que los mira fríamente mientras los ahoga.







2 comments:

Anonymous said...

Nada más que wow!!!!

Ceci.

Urbanizacion en TGZ said...

Hola me encantaria que visistaras mi blog para opinar acerca del tema que estamos
tratando, la Urbanización en Tuxtla Gutiérrez Chiapas, México.

Deja tu comentario y siguenos.

Muchas gracias por tu colaboración.

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