Marinero
Ricardo Pineda
Entraré despacio para no interrumpir,
guardaré silencio por no incomodar,
tal vez deje de pensar lo que estaba pensando,
el ocaso inminente dejaré de observar.
Dejaré de mirar al cielo,
perderé la fe; perderé también la paciencia,
dejaré de usar esta piel.
Dejaré de creer en el cielo,
tornaré la marea en la punta de mis celos,
apagaré un cigarrillo; tu sonrisa en mi sien.
O tal vez no, si el viento retrocede,
quizás el vino, quizás destino.
Pero el destino nunca retrocede,
el vino tal vez quiso, o quizás no vino.
Amiga te traje al papel de nueva cuenta,
como se visita a un viejo amigo.
Amiga, decir que te extraño,
preguntar ¿cómo te encuentras?
Antier pasé por la tienda,
tus cristales eran ausencia.
Hipnotizado lo supe;
en la tienda entra cualquiera.
Y tras tiempo, materia y ausencia,
marea, la noche y demencia,
yo dejé caer esta pequeña pecera.
Dejé de creer en la tierra,
solté a su suerte la vela,
sorteé la mía en sus ojos;
traía fuego su estela.
Dejé de mirar al cielo y acercarme al fuego,
increpé a los viejos y rechacé a los nuevos.
O tal vez no, si el viento retrocede,
quizás él vino, y ella no quiso;
tal vez destino, tal vez desquicio.
En su juicio, el destino nunca retrocede;
el vino tal vez así lo quiso.
Dejaré de gritarle silencios al viento del norte,
soltaré esta pestaña hacia el mar,
dejaré de escribir esta frase;
robaré otro puerto al llegar.
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