Thursday, June 09, 2011


Carta a mi amigo escritor

Tal vez te extrañe que te escriba a estas alturas de la vida amigo, ahora que ya llevamos mucho tiempo sin vernos y más ahora que eres un escritor reconocido y hecho. No es mi afán colgarme de tu fama ni mucho menos entablar una correspondencia que vaya más allá de nuestra amistad. Precisamente es esa cercanía, ese puente, la que me trae aquí. Aunque muchas cosas han quedado atrás, hay otras tantas que nunca cambian, como el ansia que te interrumpe siempre a mitad de algo para que me escuches.

No sé si a ti te pasó, seguro que sí, que dudabas respecto a si eras realmente un escritor o no. Me sucede que a veces las palabras me traicionan, se revelan, y es entonces cuando las cosas funcionan. Pero hay otras en las que no hay nada, y siempre viene a mi mente el famoso “qué oficio ser poeta, ¿dónde dice, se solicita poeta?”. Qué chinga ser poeta y ser escritor, escritor de qué, preguntaba el otro día uno por la televisión. Pero sí, en qué momento uno se empecinó por una idea que no cuadra contigo ni con nada, que nomás no cuaja con lo demás; un eterno oxímoron.

¿A quién le pueden importar los escritos de alguien que no lo sabe hacer ni siquiera decorosamente?, ¿alguien que ni siquiera ha leído lo suficiente como para escupir una historia medianamente interesante o entretenida?, ¿alguien con múltiples descuidos y faltas de ortografía?

Súmale a lo anterior la personalidad de nuestro amigo “artista”, un gran ejemplar por cierto, toda una promesa: un escritor que no lee ni escribe, alguien a quien pocas cosas le interesan realmente, lo mismo le da ya la política que la religión o el debate de lo que sea; no compite, está rendido, diario piensa que bajar el interruptor de la vida humana es la única idea que tiene algo de dignidad. Pero tampoco es un extremista, es alguien sin méritos, no tiene nada; no tiene el físico que agrada, el carisma que llama, o la elocuencia de alguien con dos gramos de lógica. No tiene dinero ni carro ni desea poseerlos; tampoco es alguien que persiga un ideal. Es un excelente amigo que nunca está, y el más soñado de los amantes, salvo la última parte, en la que invariablemente se convierte en alguien que desearías no haber conocido.

Dime, amigo, si sabes, ¿a quién con estas características se le ocurriría siquiera pensar que lo que escribe tiene algo de mérito como para arrancar al menos una sonrisa?, ¿si ése no es su afán, si no intenta agradar?, ¿si no tiene nada que contar porque cree que todo se ha hecho ya?, ¿si no le interesa nada; si no es nada?, podrías explicármelo amigo, tú que siempre sumaste silenciosamente y ahora vives al menos con una tranquilidad en el semblante y un cigarro y café por las tardes.

Pero ha de ser normal, supongo, como ése de la Tabaquería de Pessoa que también es nadie y al final puede ver la grandeza al ver que un hombre lo saluda; que de alguna manera no está solo. ¿Quién es realmente éste que se siente incómodo las 24 horas del día?, ¿que pretende desde el hedonismo dejar de ser?, ¿Quién es este tipo tan antipático que vino a cagar en la sopa? Alguien que lo único que hace es quejarse, y que está hecho de lo que dice Dylan o Cohen y miles más, que tiene la indecencia de venir a hablarte deliberada y arrebatadamente del amor y el dolor cuando hay miles que sufren y aman más intensamente que él, alguien a quien le ha resultado fácil colarse en la vida de los demás para luego irse, desprenderse y ser completamente irresponsable son sus palabras y actos. Probablemente no estamos hablando de alguien que tenga algo relevante que decir, de alguien que habla de su enfermedad. Alguna vez fue al psicólogo, hizo ejercicio para contrarrestar la ansiedad y la insatisfacción, alguien que habló hasta quedarse mudo y que vio hasta perder la vista. Pero el único lugar que lo acogía era la pluma, el pedazo de papel, la última página del libro para anotar una palabra incomprensible o un número telefónico. Y que precisamente creía que el escritor era aquél al que se le dificultaba más la escritura, y que a veces, inconscientemente, se saboteaba a sí mismo creyendo que no había más historias, que se bloqueaba con frecuencia y huía indirectamente de la escritura, que abandonaba y maldecía la letra, se olvidaba de ella, para convencerse que el camino era otro; que siempre habría mil maneras de integrarse a la vida sin abandonarla un poco para estar siempre en ella. Siempre debe eliminarse, no existe, porque no tiene nada que ver con nosotros, siempre se va en dirección del fin de las cosas; siempre son las últimas cosas.

No sé si a ti te pasó. Sólo sé un par de cosas tuyas que ahora llenan de morbo y romanticismo a tus lectores, esos que se cuentan a puños y que hablan de ti como la cosa más triste y bella del planeta. Sólo sé que pasaste hambres y dioptrías, que te alejaste de la vida para poder verla como los demás no la veían, sé también que es muy duro por lo que pasas, como todos; siempre hay algo que impide pero que te acoge por un momento para después impulsarte a lo que sigue. Madurez se ha querido decir en muchas hojas sin mencionarlo. Porque la palabra madurez te da pena, les hace mucho ruido a las personas, los inquieta: le hacen mucha fiesta o dudan o reniegan en exceso; le huyen a la connotación. Como la palabra felicidad, esa bastarda y subjetiva. No sé si pasaste por las de este artista que no superó las pocas adversidades nada cruentas por las que atravesó. No sé si valga la pena recomendarlo o considerarlo como escritor, no sé si valga la pena correr la página para ver lo que sigue. Tú podrías hablarme al respecto.

Tal vez tú, amigo, podrías orientar a este chico al respecto. ¿Cómo lo disuadimos?, ¿qué método empleamos para moderar siquiera su enfermedad?, ¿qué le digo? Ha estado muy inquieto estos días, pregunta toda la noche, y calla durante el día, ama todo el tiempo lo que no se puede amar, lo que no responde a los estímulos del pulso de su muñeca. Trabaja en demasiadas cosas pero no obtiene nada de ellas; ya las tiene empeñadas. Y empuñada tiene la espada, con sangre negra que acaba de extraer de la boca de su estómago. ¿Vale la pena creer en alguien así?, ¿Consideras que tiene algún objetivo exponerlo de esa manera? Es un tipo que expone sin querer ni tener qué exponer.

No sé qué hacer, me está cansando hacerme responsable de alguien que no quiere ser responsable, que ni siquiera piensa en ello, que sus pensamientos ocupan el pedazo de hoja que le falta al árbol, alguien que piensa cosas que no generan nada, que ya están ahí, que han estado ahí por siglos y que piensa que ya no están en realidad.

Te pregunto todo esto porque tal vez tú tengas un consejo, una palabra de aliento para este sujeto, algo que lo tranquilice y le siembre una semilla que desee procurar. Te lo pido como amigo que estás del otro lado del puente, y que no le preocupa nada más que vivir, ser feliz y hacer feliz a los suyos, como amigo que no cesa de escribir y sabe que no hará otra cosa el resto de su vida. Alguien que si conoce el sentido de la palabra Siempre.


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