Mira fijamente cómo da vueltas el plato negro, cómo la voz parece deslucida y desgarradora. Espera, no te vayas, cierra la puerta por favor, que va a decir algo importante, que va a pedirte que el silencio infecte la alcoba para siempre.
Pero el tiempo no se detiene, y la lluvia del disco es un desgarro sobre el papel, un arrullo imparable que te lleva a otro sitio. Mira fijamente cómo el sol se oculta y el cielo escupe sus infortunios, cargado de rencor, dejando la ciudad sola de un solo golpe.
Y los autos salpican las aceras, y tus botas se llenan de lodo y humedad, se impregnan de gris y salitre de las lágrimas de otros.
Mira fijamente cómo siempre el sol comienza de nuevo a clarear y tu pulgar presiona el mp3. Emprende tu caminata hacia donde ayer, encuentra de nuevo el hogar.
Mas el tiempo nunca se detiene, y el disco vuelve a estar en el papel, diciéndote algo importante, quizás lo mismo de ayer; el único silencio que nos causa placer.
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