Monday, July 11, 2011


Mente acostumbrada

Ricardo Pineda

En muchas de mis conversaciones con mis amigos siempre sale a colación la memoria, y con regularidad aludo a una ocasión en la que vi una entrevista con el artista plástico José Luis Cuevas en Canal 22, en la que el pintor (ya entrado en años, estoy hablando de hace ya cerca de diez años), confesaba con cierta pedantería que él tenía una memoria que calificaba como prodigiosa, hasta que ésta comenzó a fallar y se vio en la necesidad de apuntar las cosas en una libreta que lo acompañaba siempre.

También recuerdo la película Piñero, de León Ichaso (Luna Amarga, El Cantante), donde el personaje, Miguel Piñero, se encuentra con su amigo, el poeta Algarín, al que también confiesa, palabras más, palabras menos: A veces se me ocurren cosas, vienen ideas y digo “me gustaría ponerlas en el lugar preciso, hallarles un sitio adecuado, pero luego se van y ya no vuelven”. Algarín dice que no importa, porque él será la memoria de Piñero.

El grupo de hip hop español Violadores del Verso también tienen una línea en una canción acerca de la pena que es un verso que se pierde, una línea no fecundada, no escrita. Borges decía, por el contrario, que la mayor condena sería recordarlo todo, no poder olvidar ni un solo detalle; exaltaba la desmemoria.

Como mortal, uno olvida demasiadas cosas: datos, vivencias, lecciones, cosas importantes, información intrascendente, etc. Hay otras que uno no puede olvidar por más que se desee, incluso el intento de olvidar puede hacer que aquello que se quiere perder persista en la memoria hasta el día de nuestra muerte, y ello representa un fardo insoportable para el bienestar, ya que se piensa que uno estaría mejor si olvidara esas cosas que nos resultan complicadas y dolorosas.

Memoria a largo o a corto plazo, no importa, lo cierto es que uno está constituido por esos recuerdos que posee, aquellos espejos de lo que alguna vez fue tiempo presente. Cuando se escribe sucede algo muy especial con lo que se recuerda, se traen cosas del pasado y se rescatan para regurgitarlas en un nuevo “producto”, falseado, impreciso; exagerado.

En lo personal yo no considero que posea lo que llaman “buena memoria”, a corto plazo soy fatal y por lo general la calidad de lo recordado se remite a intereses tan útiles hoy en día como la música, algunos cineastas y sus películas (cada vez menos), y frases sueltas, chistes, y cosas por el estilo. La gente emite comentarios al respecto de mi memoria y su buen funcionamiento. Pero conozco a gente que tiene una memoria “prodigiosa” y le saca provecho de la mejor manera, también conozco a personas que pareciera que carecen de ésta, ya que son olvidadizas a niveles increíbles. No creo bañarme en salud cuando digo que no tengo buena memoria, la considero normal, promedio.

Ahora bien, dicho sea de paso la confesión, no creo que el tener buena memoria sirva de algo más que para ganar concursos o pasar exámenes, que dicho sea también, nunca he pasado con calificaciones muy notables gracias a mi memoria. Tal parece que mi cerebro almacena justo lo irrelevante, lo baladí, para que luego ese recuerdo funja como divertimento o interés de mi interlocutor. No tengo una connotación positiva ni negativa al respecto. Sólo es, y hay veces que de verdad me subo a ese tren de las apreciaciones exógenas para creer que soy alguien muy humano y especial (ja), sólo por recordar y recordar.

Tal vez sea por obsesivo, por repetitivo, que doy la impresión de tener una buena memoria; cuento el mismo chiste hasta que se gaste o comparto las mismas 15 o 20 anécdotas a mis allegados una y otra vez, pero creo que también es gracias a esa mala memoria, que las cuento distintas, omito detalle o los cambio. Por lo que sé, algo así hacía Rulfo, no sé si deliberadamente, o sea que no soy el único, ni el primero ni el último.

El asunto es que mi mente está acostumbrada a caminar y regresar, ir al futuro, a lo improbable, a lo posible y a lo plausible, no sé porqué o para qué, el caso es que es así. Cuando era pequeño me gustaban los detalles, las letras pequeñas, mas nunca fui bueno para cuidar el detalle, este texto por ejemplo; lo más seguro es que dentro de un tiempo me resulte inconexo, falseado e impreciso de aquello que deseaba exponer ahora hace un par de minutos, después un par de años; falto de cuidado en el detalle de la exposición deseada.

De chico cruzaba los puentes viendo los autos que pasaban raudos en ambas direcciones; me imaginaba abajo, mentalizaba mis pasos enormes, como de cinco o diez metros cada uno, que me salvaban de un posible atropellamiento, otras tantas, las menos, mis pasos eran diminutos y quedaba debajo de un coche. Otras veces saltaba casas en las azoteas de mis vecinos como un súper héroe, a veces levantaba centros comerciales y los aventaba hacia el mar. Esos recuerdos fueron intrascendentes en su momento, pero nunca se fueron, están nítidos, como muchas otras cosas.

Quizás sean esos recuerdos los que alimentan mis días constantes, tal vez sea eso y no otra cosa lo que me permite hallarle algún sentido a estos tiempos llenos de absurdos y tristezas, a lo mejor es eso lo que me deja ver el claro de luna en medio de la desgracia y por ello hoy, a mis imprecisos 27 años, aprecie la vida y a las personas y situaciones casi en su totalidad. Sin embargo hay mucho desinterés en mí, mucha apatía ante los sucesos actuales, ante las generalidades; soy tan egocéntrico, negligente, tan nihilista e hiperpersonal, que no concibo muchas cosas fuera de mi óptica personal, de mi pequeño mundo constituido de diminutas sumas, de grandes personas que entran y salen, que vuelven o desaparecen para siempre. Nunca es para siempre, siempre es para siempre. Es sólo una mente que está acostumbrada a caminar, que puede ver venir tiempos de bonanzas y temporadas de derrota y dolor. Que vuelve sobre sí y que siempre intenta tocar algo del exterior, para corroborar si se es parte de aquello que lo conmueve, o si sólo es una ilusión, un espejismo; una mente acostumbrada a soñar.


2 comments:

jean said...

la mente solo recuerda lo que quiere, y quiza olvida por que hay que aligerar el cuerpo para tener la mente pura

jean said...

bailando cobre