Wednesday, October 05, 2011





Notas desde Naranjo 501 (1)

Por lo demás comienza a amanecer nublado y un poco frío, augura un invierno poderoso, sobre todo desde el quinto piso. El paisaje está compuesto de techos de fábricas, un puente vehicular y el tren suburbano que pasa de tanto en tanto, cada cinco minutos o menos.

Las cosas andan bien, todo dentro de lo presupuestado: la música tiene otro matiz, todo es un poco más concentrado, el sueño es mucho y la escritura y la lectura, sobre todo la primera, se han negado a desempacar. Hasta ahora. El paisaje ajeno, el cambio de horario, de costumbres; todo es raro, pero se encuentra dentro de lo maniobrable y aleccionador. Nada mal.

De alguna manera el desprendimiento. Invariablemente cambian las formas y los tiempos con la gente, familia y amigos, formas de relacionarse. ¿Cómo llega uno hasta determinado punto? Sencillamente los ciclos; el tiempo, que no descansa, que de todo es autor pero de nada culpable. Espejos, todos tenemos un espejo en algún lugar de esta ciudad, de este país; el planeta entero. El tiempo te habla, las manecillas te dicen que ya es tarde, que tu piel se va curtiendo, el ceño se va frunciendo, y entras y sales, agitas los brazos, alzas la vos, lloras, callas, siempre la música.

Jorge Volpi acompaña los momentos solos con su ensayo sobre la función del cerebro y la ciencia ficción, los poemas de José Watanabe arrancan suspiros y detonan imágenes del pasado, Subramaniam regresa de mis 18 años y llena el pequeño departamento de interés social con su melodía oriental mientras esto se escribe solo. Los cigarrillos la hacen de chicote redactor y el exquisito té estimula las mañanas. El radio se ha convertido en el ansiolítico ideal: de lo mejor que tiene Ibero SS en Uruguay, El Visisonor, ese francés que no sé cómo se escribe, el de cine, escucho también Gabba Gabba y la WFMU, el Internet corre libre en mi cuarto.

La nueva redacción es normal, con los mismos vicios que cualquier medio con bajos salarios y la n tecnología pisándole los talones tiene. El amor siempre está, más cuando no existe. De repente uno vuelve a retomar el aprecio por la carrera, la tecla vuelve y la página se llena de historias, de gente inmersa en que el mundo no se caiga a pedazos, cuando no se da cuenta de que se es un pedazo cayendo, regresando a su eje inicial para volver a reinventarse.

Tal vez existe como nunca un miedo a un cambio real, cuando no se da cuenta que siempre se cambia y muchas cosas estarán ahí, aguantando los embates de las horas, acumulando colillas de cigarrillos apagadas en sonrisas y ojos cerrados, como si estuvieran volando, soñando, levitando sobre los días, aferrándose a la fantasía y a lo imposible. Pidiendo que el segundo se prolongue, que muera la eternidad, y el círculo termine sobre su propio eje.


2 comments:

IcaMar said...

... Y de pronto todo es como un golpe seco,como un letargo caótico...Y así de pronto también, casi sin darte cuenta, percibes la vorágine desde lo alto, cuando empieza a despejarse, mientras tomas un té de manzana y canela... Un abrazo amigo, estamos en el camino

Sergio Meza C. said...

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