2011. Libros, bicicletas y la muerte
Ricardo Pineda
Lo interesante
del fin de año es que la mayoría, consciente o inconscientemente, hace una
revisión de lo vivido, un repaso aparte de los que ya se hicieron a
lo largo de éste. Se llegan a vivir demasiados instantes en un solo día, y a
veces pasan semanas en constante monotonía y reflexión.
Platicas con
amigos, vas a conciertos, lloraste, la partida de otros, murieron
familiares, creces, dejas de divertirte igual, y mi amiga Mara me cuenta de la crisis de
los treinta.
En lo personal
cada año ha sido más bizarro al anterior, la cantidad de cosas que suceden sólo
me pueden dar cuenta de la fragilidad de nuestra existencia y cómo conceptos
como el amor, la originalidad, lo material y el trabajo pueden llegar a ser totalmente relativos frente a una eventualidad del tiempo o la
probabilidad de los sucesos.
De pronto esta
lógica de entablar relación con personas que otrora fueran ajenas a nosotros es
fantástico, y muy triste cuando se van. Este año se fueron muchos con los que
tenía algún vínculo y el mantra es el mismo: mantenerse en el camino,
continuar la vida.
Este año me
cambié de casa con uno de mis mejores amigos, y la experiencia es muy
reconfortante: casi todas las noches platicamos, el videoclub está a tope, hay discusiones musicales, libros, muchos libros;, Celine, Tournier, Yeihya, Gonzalo
Rojas, Carver, siempre Carver.
Hay arte y amor
por todo el departamento, también una desazón y un constante aprendizaje. Nadie
dijo que sería fácil. La Tisha y Rumango partieron a la playa a ser felices; lo
son, Viri se ganó un premio de periodismo, y Aldo, Beto y toda la banda de
Ecatepec sigue en lo suyo. Me da gusto.
Hace un par de
meses murió un tío, un amigo “se quedó”, alguien especial emprendió la partida,
herí, me hirieron, cambié de trabajo, fui a muchos conciertos, me desvele, leí
textos, escribí otro tantos, economía, periodismo; música, siempre la música.
Se movió demasiado, y George Harrison me dio una lección de vida a través de
Scorsese.
Iba a verme con
César para nuestro tradicional intercambio de libros, era de noche. Nos citamos en aquella pizzería a la que fuimos muchas veces cuando trabajábamos juntos en
el DOF, el Mezzo Mezzo, la cuenta de ambos yo la calculo en más de 50 visitas, fácil, las
pizzas siguen estando decentes. Recomiendo la fungi acompañada de una Duvel o un
Sprite.
La conversación
con César, como la mayoría de las veces, estuvo amena, inteligente y divertida.
Emotiva y confidencial. Hablé acerca del documental de Harrison y de los
planes, de la espiritualidad y de mi primer cuestionamiento serio en dejar de
escribir. El broche vino con un cambio de perspectiva, un reacomodo de ideas y
sentimientos, y la sorpresa de habernos regalado el mismo libro, y lo cagado de
la expresión del dueño de la pizzería.
De regreso a mi
casa, cerca de las dos de la madrugada, un auto se me cerró y me sacó de
equilibrio, yo iba a toda velocidad y el choque con un carro estacionado fue
inevitable. Me llevé con el rostro el retrovisor y caí de cadera, estrellas o
flashazos es lo que se ve, y de regreso piensas en lo que pudo haber pasado y
dejado de suceder. Le bajas, tienes que disminuir la velocidad. Una de las
noches más raras de mi vida: mi cuerpo, pasada la media noche embarrado cerca de
Eje 1, y la ciudad dormida. Mao curaba con cuidado y mi boca estaba partida e
inflamada; moretones, cicatrices, dolor de cabeza, antibióticos,
desinfectantes, gasas, desinflamatorios, llamadas por teléfono, visitas,
pláticas, buenos deseos, apoyo; una ola de protección grande e invisible que me
protege. La vida así de delgada, se siente enorme seguir vivo y se dejan un par
de kilos en la recuperación.
Por lo demás, el
trabajo augura más nervio y expectativa, pronto saldrá un podcast de
recomendaciones musicales de quien esto escribe. Mi hermano será padre, yo tío
y mis padres abuelos por primera vez, todo cambió, me alegra eso, pienso en el
documental de Senna y en el de Harrison, tal vez haya que vivir lo más que se
pueda, que el camino no se ve muy largo.
Estos días he terminado de leer un libro, de economía, estoy con uno de tecnocultura, comí
ensalada griega y el frío, la conversación y las aceitunas dijeron
que el fin del año estaba a la vuelta, y que se vale renovar los ciclos, que
diario es un constante movimiento y que hay cosas que de verdad ya no vuelven, incluyéndote, inside and out. Cierras el libro y abres otro. Las obsesiones son pensamientos viciados,
recurrentes, circulares, se autodeboran. Un ciclo se rompe cuando viene el
cambio, uno es el detonador de esa ruptura, escribimos para nuestra propia
condena como dijera el escritor. Y yo ya tuve de 2011, y sin embargo se mueve.
Adiós. Hola 2012. Lo que me gusta de los principios de año es…
Muestralo a tus amiguitos en !!!|

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