Thursday, December 01, 2011

Diez del Once


Ricardo Pineda

2011 fue un año demasiado nutrido de música, y digo demasiado porque me pareció un año lleno de excesos. Nunca antes había visto un año tan lleno de reediciones, reuniones, compilaciones, box set de lo que sea, giras con disco de aniversario, fusiones de “supergrupos”, y un mar de reciclaje dentro del mundo musical, que se vuelve abrumador, ya que hay cosas que valen la pena y cosas que no, pero sí hay una tendencia mayor a la repetición de fórmulas. Probablemente una idea realmente ya no innovadora, sino fresca, dentro de la música se encuentren en otros géneros o mezclas que no atiendan al rock o al pop y sus derivados.

Este año mi grupo favorito terminó por hacer cosas de mediano perfil, se divorciaron y ahora seguiremos escuchándolos desmembrados, fumándonos sus pachecadas y demos por fans. Pero entre todo el mar de discos siempre hay unos que se salvan, y si bien se repiten, hay algo que los hace colarse a una perspectiva de trascendencia musical. The Dears cada vez les entiendo menos y tanta melcocha forzada me parece que no cuaja con su sonido. Caso contrario es Belle & Sebastian, pero hay casos de grupos planones y emocionales lo hacen mejor con menos cayo como The Drums, Fleet Foxes o Lykke Li.

Bet Ditto se está dando cuenta que necesita una buena banda detrás y no a todos los integrantes de The Gossip. Por ahí también Cut Copy se anotó un disco que arriesga leve pero el cambio es interesante: sí está fiestoso pero trae una producción que coquetea con la oscuridad bastante padre.

Ahora David Lynch también decidió pasar su mundo a la música, y Radiohead cumplidores pero creo que siguen manteniendo su calidad e idea que hace que vuelva a su música, que siempre espere un disco de ellos a ver qué traen. Sinónimos clásicos de calidad.

Del disco nuevo de The Strokes no hay mucho que decir. The Strokes, tú sabes. Pero en el semi under gabacho, el nuevo disco de Earth es una pasadés. Me gusta mucho que The Rapture siga con otro disco y le cambie todo el asunto sin dejar de ser The Rapture, pero quizás el próximo muchachos. Cambié de opinión con “Skying” de The Horrors y mantuve mi voto de confianza con los de Beastie Boys.

Algo que no está en la lista pero que recomiendo muchísimo es “Space is only noise” de Nicolas Jaar. Paisaje sonoro suave, inteligente, sencillo, abstracto pero con imágenes muy concretas. El lado accesible del arte sonoro, el ambient y el noise. Una belleza.

Falta poco más de 30 días para que termine el año y las obras de arte sonoras que lo marcaron están ahí, y sigo escuchando discos de este año, y seguro no habré escuchado ni la cuarta parte de lo que se produjo. Es enorme el mounstro, pero sí fueron cientos muy divertidos, otros apenas llegué a escucharlos completos, me dieron hueva tremenda.

Aquí están las diez placas que me gustaron y sonaron en mis audífonos un buen rato. Feliz año anticipados. Ya no se hagan compren sus regalos de una vez.

10.- Unknown Mortal Orchestra.- Hay modas que me interesan más que otras, pero por lo general revientan en la sobrepoblación y le restan sustancia a la idea. Algo similar está pasando con los sonidos pop viejito y lo-fi, mezclado con un poco de suciedad. No Age ya estaba anunciando algo parecido, y ahora ya están por todos lados: los agradables Best Coast, Wavves, los oscurones LA Vampires, TeenGirl Fantasy anda en esa movida por ahí, Dirty Biches o Bam Bam y Suave as Hell también en México, pero con tintes más psicodélicos. Hay cosas buenas a pesar de que son elementos que ya nos han gustado. Comienza a escucharse un tanto impostado en algunos.

Unknown Mortal Orchestra está en esa línea, y saca un disco que es lo mismo, pero tienen un sonido particular que los salva por completo. Guitarras grabadas en Mono con mucho efecto flanger sobre melodías pop agradables. Hay un sonido que me recuerda sobre todo al Zappa más pop y agradable, con acordes muy pegagojos pero con una buena idea. Son de Nueva Zelanda y su hit “Funny Friends” me sabe rico con lluvia.

No hay demasiados intelectualismos, es muy disfrutable, y hace guiños a los que nos gusta el gis en los vinilos. Habrá que ver qué sacan como segundo, éste es muy bueno y creo que le da un brote de disfrute y frescura a la tendencia que anda poquito estancada, en la que también los Wooden Shjips rifan también.





9.- Kasabian- Velociraptor.
Ingleses al fin y al cabo, roqueros, se meten más con la psicodelia y suenan más poderosos. Ya superaron su influencia post tour con Oasis y siguen mostrando su afán de estar entre los grande haciendo buen uso del pasado. Y ahí van; desde el disco pasado tienen más clara la estructura de una canción de estadio, pero también se ponen muy introspectivos. Me parece un poco el efecto de grupos como Black Rebel Motorcycle Club, que también me gustan mucho, que nunca terminar de reventar a las masas con locura, pero que lo tiene todo para tirar el cantón. Puro rock. Aquí no hay novedades raras, sólo la misma buena canción que pregonara Plant. Kasabian será recordado por discos como el antecesor a Velociraptor y éste mismo.

8.- Panda Bear-Tom Boy.- Animal Collective siempre me pareció una banda pachecona medianona, pero de un tiempo a la fecha han sabido sacarle jugo a su sonido ultratexturizado y apto para banda que se deja apantallar fácilmente. Pero Panda Bear demuestra con este disco quién es el talentoso del grupo, Animal Collective está completo en este segundo placazo, que es todo un trip de paisajes y psicodelia. Apto para el que no busca lo nuevo sino lo bueno. Escurridísimo y colorido. Un pasón

7.- Blood Orange.- Un disco debut copiado en las formas, irregular, hasta cierto punto pretencioso, ¿qué hace en la lista de los 10 mejores de 2011? Pues decir que las 4 o 6 rolas buenas que traen le dan en la madre a muchas de las cosas nuevas que vienen haciendo músicos electrópop del momento. Cachondería, sabrosura lenta, mariconería, New York. Oscuro y melosos, emocional y empalagoso, pero con una directriz bien definida. Un gran disco que se baila con la cabeza pero sin pensarle mucho.

6.- Dirty Beaches-Badlands. Imagina un rockabilly tristón, onda Richard Hawley, ¿ya? Ahora grábalo en low fi y métele cochambre, mézclale un trago de Nick Cave y listo, a cortarse las venas. Pero rico con este morro que tampoco trae nada nuevo, nomás mucha onda. Esos discos que no se gastan porque ya están gastados. Siento que hay que tomárselo con humor pero también con calma. La belleza del disco consiste en oírlo y después de varias escuchadas se queda. No estoy diciendo que sea un disco difícil, todo lo contrario; su simpleza es hermosura. Al final el cliché no es malo, sólo hay que saberlo acomodar.




5.- Miles Kane.- Colour of the trap. “A chingá si yo soy el sonido de los Last Shadow Puppets, si el que le mete candela a TheRascals, y a mis colaboradores. Pues vas solo, y con un disco que no le pide nada al nuevo de los Arctic Monkeys, está bien chingón. Guitarrazo limpio, bataca mueveculos y caritas sin la necesidad de rasurarse. El disco que me hubiera partido la madre cuando era roquero a los 14 o 15 años. El rock no es intelectual, es chamacas, chamarras y cerveza. Palomita.

4.- Steven Drodz.- The hearth is a drum machine. Este tipo de discos son mis favoritos: alguien medio famoso le encargan un score, y como no es el vocalista y el documental no tiene suficiente promoción, el álbum pasa desapercibido. Y resulta ser una chingonería. Alguna vez, el vocalista de los Butthole Surfers dijo que lo mejor de The Flaming Lips era Steven. Y sí, beats, psicodelia, estudio sonoro, un disco del organismo, se va al parejo con el documental. Está en el cuatro porque deberían oírlo y guardar el secreto, y pasarlo, y guardarlo, y pasarlo, y pum, pum, tum tum.

3.- Wilco-The Whole Love. Se le llama perfeccionar la técnica, tener cayo, salir de las difíciles, dedicarse a lo tuyo. Es emocionante, Sonic Youth se va pero queda Wilco, y el disco lo tiene todo: los guitarrazos, las texturas, el ruido, la balada, buenas letras, buena producción. Un disco de diez de una banda de diez. Wilco sostiene la bandera de sus discos más logrados, A Ghost is Born y I´ll try to Break your Hearth, y se apunta otra estrella tras años y placazos medianones de distancia. A Jeff Tweedy aún se le ve que hacer canciones le cuesta, le duele. Y que no lo hace de otra manera, que cuesta. El amor cuesta, darlo entero significa el mejor de los suicidios. Que bello es este disco.

2.- The Kills-Blood Pressures. Un disco de chamarras de cuero y botas raspadas, cuerpos sudados y lentes de sol. La literatura está en otra parte, The Kills hacen rock a lo Black Rebel…, llevan años tocando y la síntesis les viene bien. Como The White Stripes en sí, en real people from Topeka. También perfeccionaron la técnica y volvieron al camino de la estructura, los demás habían sido pedazos de desmadre aguitarrado, aquí hay canciones y un poder en el sonido. Allison, la vocalista, aprendió a estar en un grupo más amplio, que exigía un mayor despliegue. Ahora llega y le nivela lo Dead Weather con la mugre que lleva de pareja, quien además es un buen guitarro garashoso. De esos discos para andar en carretera o llevar con la cara de la chica que te late. Romance roquero.




1.- Hercules and Love Affair-Blue Songs. Supón que la banda se fue con la finta de Antony y no le agarró bien la onda al primer disco. Ahora se las cambias por completo; la crítica te come. Mantienes el House a tope, los noventa bien puestos. Blue Songs es un disco house y es un disco soul, suave, rico, sensual. No es para poner a saltar al personal borracho. Es para bailar escuchando. La pista llama, y la buena Madonna reencarna bajo las máquinas de este tio. Un disco sí sabroso, pero sutil. Baile todo el año, así son las mejores fiestas: azules bruoooooder. Enjooooy, nos vemos el próximo año.

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