Saturday, December 10, 2011

El verdadero Insurgente

Ricardo Pineda

Mi tío Jorge falleció el día de mi cumpleaños. No fui a su funeral. Juntos hicimos un periódico: El Insurgente. Era una “idea loca” de un par de ediles perredistas de Ecatepec que querían diversificar su dinero con la mira a que iban a perder el municipio por hacer las cosas mal. El priísmo siempre imperó, y el periódico básicamente era un comercial de ellos. Pero inmiscuirme en hacer reportajes y entrevistar actores sociales del municipio fue una experiencia de menos sui generis, y me permitió conocerlo mejor.

Juntos y separados entrevistamos a mucha gente: artistas, regidores, gente con problemas, comuneros, la mafia de la basura, dueños de pulquerías, candidatos de todos los partidos. Pero lo mejor fueron las pláticas entre trayectos entre mi tío y yo.

Criticábamos la ineptitud y el canibalismo absurdo de los que gobernaban el municipio y la somnolencia de los que lo habitábamos. Tenía una visión muy contemporánea de sus convicciones ideológicas, pero no interponía la amistad ante quien cambiaba de parecer de forma abrupta. Refunbuñaba mucho de que no se le reconocía su trabajo y tenía un gran ego, pero lo sustentaba con maestría y no era envidioso con el conocimiento; me explicó muchos trucos del trato con la gente, me mostró su desencanto y amor por la política formal. Era algo más que fan de Maquiavelo: escribió un libro sobre él que le llevó diez años. Sólo su familia sabe bien cuánto le costó llegar a ella, me la dio a revisión una vez, le hizo los cambios, también tomó en cuenta los comentarios de un político de nombre Camilo, no recuerdo el apellido. Los de mucha gente más también, y al final escribió el best seller del que siempre habló, pensó y escribió.

Nos echamos unos pulques y hablamos de la familia, el amor, el dinero, filosofía, salud y gastronomía. Casi nunca coincidíamos pero nos escuchábamos siempre y tomábamos en cuenta nuestras opiniones. Juntos diseñamos el periódico, comprábamos el papel y lo llevábamos a la imprenta. A muchos les entusiasmó la idea, jalamos plumas e incomodamos a un par de personas. O quizás a más.

Siempre que leo, hablo o escucho la palabra izquierda, mi tío Jorge viene a mi mente. Pero fue más que eso, y la noticia de su fallecimiento fue desconcertante. Pero alguna vez me dijo que no quería llegar a viejo sin hacer lo que tenía que hacer. Publicó su libro pocos días antes de fallecer. El día de la presentación en familia yo me cambié de casa, el día de mi cumpleaños falleció tras un accidente de días anteriores, el cambio de las cosas vino con su fallecimiento.

No creía en la religión y siempre se burló de los chalecos de los periodistas, tenía un humor en extremo corrosivo, y para algunos era difícil de tratar. Prefería dosificar o esconder ciertos sentimientos con demasiadas personas, no le gustaban las “frivolidades”, pero siempre demostró un verdadero afecto con cada libro que regalaba, cada conversación política o literaria que sostenía y ciertos consejos con la familia.

El Insurgente duró cerca de ocho números, y el trabajo y el afán de ser escritor-periodiosta-narrador-cronista, viene en buena parte de él. Van estas líneas sinceras, respetuosas y afectivas para Jorge Salvador Aguilar.


1 comments:

Karina said...

Vivir en Ecatepec y ser una chica... Y escribir en El Insurgente. Yo también dejé ya el municipio. Qué cosas.

Unos pulques a su memoria. Y un voto a la izquierda.