Alguna vez
hablé de mí
Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para
mi propia condenación.
Onetti.
Es innegable que
existe un afán vanidoso en el acto de escribir. No creo que algo no es
literatura si uno no lo expone, pero tampoco concibo al escritor que espera de
verdad que nadie lo lea. Hay algunos que se debelan ante el mundo como personas
con un hambre considerable de un poco de atención, otros más parece como si
escribieran a la contra, a pesar de que no lo desean totalmente. Y hay a
quienes se les da de forma natural y lo que sucede con su literatura es sólo
consecuencia natural de la misma, la grandeza del arte llega a quien debe
llegar.
El romanticismo
se esfuma desde el momento en el que escribes, desde que te peleas con los
personajes, las historias, los tiempos, las palabras. Desde que intentas
publicar, meter a concurso, trabajar tus escritos, pulirlos.
Desde hace más
de siete años escribo regularmente en este blog, y cuando leo las primeras
entradas me avergüenzo enormemente de la forma, el contenido y la desfachatez
para contarlo. Pero ahí están, y forman parte de alguna manera de mi
composición. Mis historias me llevan a más historias y de alguna manera es siempre
la misma. Hay algo que encuentro y algo que sigue sin gustarme y de alguna
manera siempre lo platico con ustedes, quienes me leen. Ése es mi referente
principal. También consulto a gente que no toca la computadora o a quienes
regularmente no me leen.
Al igual que el
conocimiento, entre más abreva uno, más se da cuenta de que falta un tramo
enorme. Eso debería alentar a cualquiera. Es vida. Pero tampoco es sencillo y
se necesitan muchas cosas más aparte de escribir bien o tener disciplina y una
buena historia. Incluso el talento. El famoso flow; el estilo.
No sé si mis
historias me llevarán a algún lado más trascendente, literariamente hablando. A
veces siento que estoy enfrascado en un mismo lenguaje o un mismo argumento.
Eso vuelve a mi cabeza cuando ando en bicicleta o voy caminando solo. Pero un
día estás escribiendo, y sucede.
A Mariana le
gusta lo invisible, pero tiene problemas con las formas; César pule la forma y
lo hace comprensible, y el giro de perspectivas le interesa, su comentario es
sobrio y sincero. Christian es ácido, Ceci discute las figuras narrativas, y a Víctor
y Aldo los dejan incompletos.
Una profesora
del Claustro con la que tomé curso de cuento afirmaba que los escritores no eran
nada brillantes; los describía como individuos más bien complicados, dispersos,
poco fiables, clavados… Es bien sabido y muy comentado en la literatura, este
hecho de que el escritor se chinga sentado frente a un monitor o una hoja a
contar solo, lo que sucede allá afuera. Leonard Cohen alguna vez dijo que
escribir una canción era como conquistar a una mujer: es un fastidio la mayor
parte del tiempo.
Pero Dylan se
enamoró de ese fastidio y sintió que cuando escribió “like a rolling stone”
nada le faltaba. Supongo que eso es muy fuerte, es una droga. Es un momento en
el que el círculo se torna completo. Una sonrisa se dibuja y uno puede
descansar rico por una noche más.
A veces escribo
por escribir, por hacerlo, suelo ser alguien que habla hasta por los codos y
que intenta comunicar ideas y estados de ánimo de diferente manera. Pero
también hay algo ahí que estoy diciendo. Algo invisible, algo que siempre está
y que no perdura. ¿Pueden olerlo? Ojalá pronto les pueda obsequiar una flor con
aroma más penetrante. Gracias por leerme y criticarme.
Muestralo a tus amiguitos en !!!|
1 comments:
El azar, querido amigo, nos sitúa a veces ante una grata sorpresa. Eso ha sido para mí descubir tu blog. Te animo a seguir el camino emprendido porque es interesante cuanto escribes y cómo lo haces. Me permito adjuntarte algo que escribí hace algún tiempo sobre el particular.http://decortaduraalacaleta.blogspot.com.es/2011/08/quiero-recordar.html
Cordiales saludos
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