Monday, June 18, 2012




La fe en el otro

Dedicado a los que traicioné su confianza, a los que defraudaron la mía.
A todos los que tienen fe en mí y a los que despiertan la mía.

Es difícil tener confianza, es una de esas cosas que no se da en los árboles. La confianza en uno mismo muchas veces puede confundirse con arrogancia ante los demás y en ocasiones sirve como un escudo con el de al lado. A cualquiera que haya experimentado un asalto sin violencia sabrá que mucho depende de la seguridad con la que el ampón se acerca a nosotros. También quien ha pasado por un pequeño triunfo personal o avance en su carrera profesional sabrá que éstos dependen, además del conocimiento que poseamos, de la seguridad con la que uno actúa y se sabe vender ante el otro. Mitad circunstancia, elección y lo otro.

Cuesta desarrollar la confianza: a veces se vuelve más difícil hacerlo o porque somos seres sin experiencia, o bien porque de chicos vivimos circunstancias adversas; o muchas veces los comentarios del otro contribuyen a no tener confianza ni en nosotros mismos, ya sea porque se burlan de nuestro físico o nuestras capacidades, porque se espera mucho más de nosotros o sólo porque somos el recipiente adecuado para contener las frustraciones de alguien más. Un horror. La vida entera puede depender de esto. Muchos optamos por no esperar nada de nadie. 

Sin embargo la confianza es un elemento importante y necesario en las relaciones humanas. Creo que de forma sumamente obvia y elemental está presente en casi todas nuestras convenciones sociales. Sí, el señor del negocio te dará un servicio porque estás pagando un dinero, el cual obtuviste trabajando para alguien que te paga, pero todo se da bajo un estatuto previo de confianza, de depositar eso que necesitas o quieres, y tener la certeza de que eso te darán.

Pero de pronto las cosas suceden de forma adversa: no falta algún pasado de rosca que ve en ti la viabilidad de su necesidad sobre la propia; de eso se ha tratado todo esto, de confiar en quien no se debe confiar. Entonces hay memoria, y uno recula: se atemoriza o se hace de su gabinete de precauciones. Y en la mayoría de los casos, nos volvemos también en personas que faltan a la confianza. Parece que es inevitable, que es parte inherente del ser humano.

Claro, hay niveles de desconfianza y también aprendes a decir no, gracias, a combatirlo del modo que mejor optas conveniente. O a evadirlo, o simplemente a encararlo de las formas más bizarras y siniestras. Que yo sepa siempre ha existido una falta de confianza tremenda en el otro. Es difícil tenerla si vemos las crueldades que cometemos a todos grados y niveles. Guerras, daño ambiental, ruptura de negocios, ilegalidad en la política, criminalidad en las calle., extinsión de relaciones sólidas. No son tiempos muy populares para tener confianza en algo, todo está muy frágil: hay crisis económica, política y espiritual. Parece que el humano ya no puede más.

Pero más allá de la confianza está la fe. La estúpida fe para muchos. Estúpida también porque se sabe que el no tenerla en el otro, equivale a no tenerla en uno mismo. Los pragmáticos no consideran viable empeñar nuestro devenir a algo que no existe, o que no está lo suficiente “lógicamente” sustentado. Y sí, la fe en buena medida implica creer en lo increíble.

El esperar nada de nadie es un buen comienzo para tener fe. A veces creo que el único. Y es igual o más complicado que tener confianza. No es tan terrenal, es empeñar una y otra vez, tras la lógica y el cansancio. Entender que creer en algo en abstracto nos puede encaminar a entenderlo más claramente.

Yo soy de los que no ha tenido confianza y tampoco la ha brindado. Desconfío casi de cualquier cosa que veo, pienso, escucho, siento y hablo. De dentro hacia afuera y viceversa, todo el tiempo. Las 24 horas, con cada cosa. ¿Es a veces neurótico y desgastante? Sí, pero también se aprende mucho, y al final de eso depende de cómo vamos tomando enfoque a nuestro presente para seguir caminando de manera más o menos sensata. Las certezas están más baratas que nunca. Ninguna funciona, todo circula sin tomar una forma clara, así va todo el tiempo: cambiando.

Entonces uno tiene rachas poco creativas o momentos difíciles. A veces, tras la tormenta hay una aún mayor. Pero uno no puede regresar tras un paisaje vuelto escombros, o no le conviene mejor dicho. Luego sigue adelante para sortear la tormenta, quizás no tenga la confianza en ese tramo de su aventura pero sí la fe en que puede salir bien. A veces la fe y la confianza se juntan y pese a que son dos conceptos estúpidamente cursis y en apariencia banalizados y trivializados, son el quid de los detonantes más notables que yo haya visto en las personas. Eso me motiva, me hace tener fe tal vez, me estimula la confianza. Igual las personas en las que ya no la tengo. Y a veces funciona.

Si no, igual conviene ir sobre la tormenta. Qué chingados.   


Nota: sí, la idea de depositar no está chévere, paranoico, ingenuo, redundante. Confío.

Muestralo a tus amiguitos en !!!|

1 comment:

Ester Bernal said...

"...comprendí que es la fe; algo independiente incluso de que Dios exista. La fe es el salto a ciegas hacia los brazos de alguien que te acoge en ellos. Es el consuelo frente al miedo y al dolor incomprensibles. La confianza del niño en la mano que lo saca de la oscuridad." Pérez Reverte